
Voy a contarles como a veces es preferible ser huérfano y estar solo, pero con una vida medianamente tranquila a, tener una familia numerosa y conflictiva.
En el día de ayer, luego de una jornada laboral intensa y muy caótica; con algunos vaivenes emocionales, decido (Quién me habrá mandado a tomar semejante decisión?) llamar a una de mis hermanas, quién es dueña de un automóvil, para que me pase a buscar al trabajo (previo pago de la nafta, por supuesto, de lo contrario no se mueve de casa) para tratar de llegar a mi hogar lo más rápido posible y de esta manera, tratar de olvidar tan mal día y disponerme a descansar.
Para sorpresa mía, una vez que llega a mi búsqueda, ella me informa que “íbamos a dar un paseo antes de ir a casa”, a lo cual yo respondo con mi negativa, que me sentía mal y que quería comer y dormir. Además, mi bronca tenía que ver con que, si yo no la llamaba ella no hacía el viaje, se quedaba cruzada de brazos viendo televisión o haciendo quién sabe que inútil actividad, de esas que sólo ella saber hacer: mirarse al espejo y probarse quince modelos diferentes de vestidos, o tal vez algún que otro zapato (tiene más de doscientos pares) o criticar mediante mensaje de texto a alguna persona que, cometió el terrible pecado de vestirse mal…
Desgraciadamente, no pude hacer uso de mi derecho de volver a casa y, con la frase: “Por supuesto que si no me pagabas no venía, pero como sí lo hiciste y ahora estoy acá, vamos a ir al shopping que tengo que comprar un reloj.” Como si alguna vez llegara a horario a algún lugar. Tal vez, su mente se había iluminado en ese instante y decidió adquirir uno, no sólo para empezar a ser puntual, sino a fin de brindar “horas” más felices a la gente que está a su alrededor…
Mi malestar no terminó allí. Más bien todo lo contrario. Ese fue sólo el inicio de una travesía molesta y cargada de maldad, ante todo.
Llegamos al bendito centro comercial. Yo no había hablado en todo el viaje y, mi cara demostraba fastidio, bronca, pero sobretodo cansancio. No me moví de mi asiento y tampoco atiné a bajar del auto. Ella se fue, tranquila como si estuviese sola, como si yo fuese invisible o lo que es peor, como si no existiese.
Mi malestar iba en aumento, mi dolor de cabeza también. Finalmente, decido bajar del vehículo a tomar un poco de aire y estirar las piernas. Tanto encierro me estaba poniendo nerviosa. Aquí viene la peor parte de este “paseo”; mi desesperación fue tal, al descubrir que, mi hermana me había dejado encerrada en el coche. Si ella cierra con llave desde afuera las puertas, nadie pueda entrar ni salir, ya que es un automóvil “inteligente” con encendido electrónico. (Al menos posee algo con inteligencia: su auto. Careciendo de neuronas… algo es algo diría alguna persona observadora. Haciendo una pequeña broma ahora, pienso que tal vez el coche sepa quién es Marcel Proust o Jean- Paul Sartre algo que ella desconoce por completo. Quizás crea que se traten de nuevos diseñadores de moda…)
Esto fue lo más tremendo que pudo ocurrirme. No sólo por el hecho de estar encerrada herméticamente, sino por la actitud que había tenido alguien que dice llevar mi misma sangre. Dejarme aprisionada, sabiendo que soy una persona con miles de fobias.
Por primera vez amigos, créanme que, lejos de llorar o sufrir (si bien estaba sufriendo, valga la redundancia, bastante ese encierro), decide actuar y no quedarme como la tonta buena a la cual le ocurren desgracias y los demás se burlan (mi hermana en este caso).
En primer lugar traté de ubicarla a su teléfono celular, sin suerte claro, no quería atenderme. Luego mediante un mensaje de texto que, tampoco tuvo contestación. Por último, mi tercer aviso fue que viniera a abrirme la puerta o gritaba para que me ayudasen a salir por la ventana. Al no tener respuesta de ningún tipo, llevé a cabo mi advertencia: grité y grité, hasta que una persona de seguridad del estacionamiento, vino a mi encuentro ayudándome a salir por la ventanilla. En ese preciso instante, mi hermana regresaba y pude notar con algo de alegría claro, para qué mentir, como su cara se tornaba colorada de la vergüenza.
Creo que no va a regresar al shopping por unos días, tal vez unas semanas, hasta que quede en el olvido “el incidente de la loca que gritaba en el estacionamiento”, pero al menos yo, por una vez en la vida, me sentí satisfecha. Me sentí orgullosa de mí misma. Había enfrentado a su burla, a su maldad, saliendo airosa y hasta dejándola en ridículo frente a extraños. Ahora sí había llegado el final del viaje. Pero para mí, fue el comienzo de un largo camino hacia el respeto hacia mi persona que comenzaba (valga la redundancia de nuevo) a partir de ese momento mismo.
Pd: Todo lo relatado fue absolutamente cierto en su totalidad, sólo que son dos mis hermanas. Quise darle menos dramatismo a la situación, haciendo de cuenta que sólo estaba presente una de ellas. La realidad, es que estaban las dos. De más está decir que soy la versión moderna de Cenicienta, sólo que omitieron la parte del príncipe, creo…
Eleanor.
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miércoles, 29 de julio de 2009
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HermanasPublicado por Anónimo 16 comentarios |
sábado, 25 de julio de 2009
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MezclaPublicado por Anónimo 10 comentarios |
martes, 21 de julio de 2009
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InexplicablePublicado por Anónimo 5 comentarios |

Me siento triste y lo malo de ello, es que no tiene explicación. O tal vez sí: los miedos nuevamente se apoderan de mi cuerpo, pero sobretodo de mi alma, sin razón alguna.
Esto es lo que causa mi tristeza.
Por las noches despierto de madrugada, muy exaltada, el corazón palpitando a mil como si fuera a salirse de mi boca, un sudor frío empapa mi cuerpo y mis manos tiemblan.
Tengo la certeza de haber tenido pesadillas, pero no puedo recordar qué sucedió en mis sueños. Si pudiera hacerlo, al menos sabría a qué le temo. Aún así, mi sensación es la firme convicción de que algo trágico está por suceder.
Mi ansiedad crece con la luz del día. Estoy nerviosa. Insegura. Y triste, por supuesto.
¿Qué es lo qué me pasa? ¿Por qué no puedo detener esto? ¿Tan mala persona soy, como para seguir padeciendo estas penas en mi espíritu?
Cuando me invaden estos ataques, me paralizo. No puedo pensar en algo agradable que haga desaparecer estas feas sensaciones.
La luz del sol, el canto de los pájaros, algún que otro botecito que pasa por el agua de los diques con una calma tan apacible que es de envidiar; no logran sacarme de este estado depresivo en el cual me encuentro. Porque esa es la palabra justa: depresión. Una vez más, vuelve a mí la más fuerte, dura y difícil depresión (valga la redundancia).
Sigo siendo una enferma. Eso es lo que más odio. A veces creo que, pasarán los años y seguiré sumergida en estas tinieblas que parecen no tener fin.
¿Por qué no puedo ser como mis hermanas? ¿Por qué no puedo ser como mis amigas? ¿Por qué tengo que seguir siendo la muchacha que derrama lágrimas y que no puede sonreír en realidad? Los que verdaderamente me conocen, saben que nunca río en serio; saben que lejos está de mi alcance la felicidad y que día a día muero un poco más. Me apago en silencio. Estoy hablando de morirme en vida. Perdí la fe hace años y ni hablar de las ilusiones o del amor, que me abandonaron hace tanto tanto tiempo, que ya ni recuerdo cuál es el significado de ambos.
Mientras escribo estas líneas, observo a un grupo de jóvenes pasar por la vereda. Festejan el día del amigo. Yo tengo muchos, gracias a Dios, pero no puedo molestarlos con esto que me pasa. A la vez, rememoro aquellas épocas, en las cuales era absolutamente feliz y alegre y, también salía de paseo festejando lo dichosa que era nuestra amistad y el estar todos juntos y unidos.
El único interrogante que me queda es si volveré a sentir esa hermosa felicidad, una vez más, antes de hacerme polvo y convertirme en abono de bellas flores.
Eleanor.
miércoles, 15 de julio de 2009
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MeditandoPublicado por Anónimo 5 comentarios |

Es esta una fea tarde gris, fría y lluviosa.
El agua de los diques está un poco alterada, dado el viento que corre. Todo parecería indicar que una fuerte tormenta estará cerca nuestro en pocas horas.
Mientras tanto, aburrida como este último tiempo, decido meditar y escribir, sobre los últimos acontecimientos que se llevaron a cabo.
No puedo dejar de pensar en el suicidio de alguien. Más aún, sabiendo que mis palabras no sirvieron, no lograron apaciguar tanto dolor contenido en su ser. En esa alma que pedía ayuda y, sin embargo, vaya contradicción, no se dejaba ayudar.
La tristeza me invade el corazón. Siempre es triste perder a alguien querido, pero creo que mucho más triste es, si esa persona decide quitarse la vida. Significa que fracasamos en nuestro intento de impedir tal desenlace.
No soy ejemplo de alegría. Más bien todo lo opuesto. He sufrido demasiado, he gritado, llorado y hasta lastimado mi cuerpo de las diversas formas posibles que una persona pudiera imaginarse. Aún así, siempre me levanté de mis caídas. Aunque tampoco escuchaba, aunque me alejaba de aquellos más amados por mí; si había algo que sobraba y aún sobra en mi persona, fue voluntad. No sé si la palabra sea fe o esperanza de que algo iba a cambiar, pero sí puedo asegurar con exactitud que, la palabra (valga la redundancia) es y será siempre “voluntad”. Voluntad de vivir y seguir a pesar de todo.
Un bello amanecer. El canto de los pájaros. La suave brisa del mar, una nochecita caminando por la playa. Las estrellas. Pedir un deseo o dos… Una margarita para deshojarla. Un buen libro (Cualquiera de Edgar Allan Poe, por ejemplo). Observar una fotografía de Cartier Bresson. El aroma a patchouli. El humito subiendo y perdiéndose por el aire de un rico capuchino. Tantos y tan pequeños los motivos que pueden interferir en nuestras trágicas decisiones… sólo necesitamos un minuto de silencio absoluto para poder pensar en ellos y, así de esta manera, convencernos que por chiquito que fuese ese motivo, está bueno quedarse acá de este lado, avanzando o al menos, intentándolo.
Eleanor.
sábado, 11 de julio de 2009
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FotografíasPublicado por Anónimo |

Arte, arte, arte y arte.
Por momentos me evado de la maldita y aburrida realidad, viajando en nubes de colores que yo misma creo. Es un poco más divertido que, sumergirse bajo los efectos depresivos de este mundo mezquino, cruel y hasta triste que, con sus nuevas “plagas” trata de, ponernos más oscuros de lo que ya somos capaces.
Gripes que amenazan con dejar sin habitantes las ciudades, aviones que caen, gente que mata a otra y así y así…
He dejado de lado mi propio ser por un instante y, me interné en la red de las redes para observar (una vez más de tantas), las magníficas fotografías de Henri Cartier Bresson. Ese si que era un genio. Qué maravilla poder tener su don y, descubrir en cada imagen que uno ve así al pasar, una historia. Una magnifica historia.
Hasta podemos ponerle nombre a sus protagonistas e imaginar un final distinto para cada situación, una vez vistas las fotos muchas veces. Al menos eso hago yo.
Pienso si, alguna vez llegaré a tener ese don que él tuvo: poder captar “la imagen”, aquella que hable por sí sola. De mientras sigo siendo una aprendiz. Sigo sacando mis humildes fotografías, la mayoría en blanco y negro. Continúo retratando a algunas personas, buscando esa cara que refleje lo que deseo transmitir. Algunos paisajes, la mayoría, rodeados de agua. No sé porqué, quizás en otra vida fui sirena, pero el agua se me presenta como un atractivo que no puedo rechazar.
Mientras observo la imagen de los diques que tengo enfrente de mí en este mismo momento, decido poner fin a este pequeño pensamiento que surgió una mañana aburrida, estando sola en la oficina un día sábado.
Eleanor.
martes, 7 de julio de 2009
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PreguntasPublicado por Anónimo 3 comentarios |

Quisiera saber por qué aún sucede?
Por qué sigue ocurriendo? Hay penumbras que no puedo alumbrar. Tristezas que no cesan, lágrimas que no dejan de caer, aunque no llore. Es mi alma desangrada, la que sigue apesadumbrada, oscura y solitaria. Pongo lo mejor de mí y, a pesar de eso, aquí estoy: atacada por la ansiedad, esa que todo lo inunda y no deja ser.
Mi corazón palpita acelerado, con miedo. Nerviosa, el frío sudor recorre mi frente.
Algo temo y no sé qué es. No puedo encontrar la respuesta. Tantos años de maltrato, tantas penas ocurridas que no me permiten respirar aire puro. Todo lo contrario. El aire que me rodea es denso, pesado.
Años de distintas terapias. Psicoanálisis, Cognitivos y Conductistas que, intentaron mediante el estudio de mi conducta, valga la redundancia, devolverme un poco de paz, de calma y, aún así fue en vano. Las marcas aquellas que continúan presentes en mis piernas, me recuerdan que, tanto profesional dando vuelta, fue en vano.
Paradójicamente, una suave luz blanca, brillante, lo inunda todo en estos momentos. Puedo verla y sentir su calidez desde mi escritorio de trabajo. Aunque yo sea oscura. Aunque mi realidad esté sumergida en el negro más absoluto de los pesares.
Sigo esperando. Espero por la tan ansiada calma que no llega. Los seres más amados están lejos, muy lejos o, en el peor de los casos; ya no están. Al menos conmigo, acá… en esta tierra.
Cuánto tiempo más? Cuánto más tengo que esperar…?
Eleanor.
domingo, 5 de julio de 2009
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Resignacióन ExtremaPublicado por Anónimo 3 comentarios |

Sábado 29 de Noviembre de 2008: Hoy pude comprobar con mucho dolor claro, el odio que una madre puede sentir hacia su hijo, hija en mi caso y, lo que éste es capaz de generar.
Una herida profunda, en el pecho que desgarra el alma; porque yo también soy madre y hago lo posible y lo imposible también, para que mi pequeña sea felíz.
Sin embargo, a pesar del enorme gran motivo que tengo por vivir (Mi hija claro), algo murió en mí para siempre, en este maldito sábado.
Si tenía algún rastro chiquito de fé o, de creencia en algo o alguien; desapareció junto al poco sol que, casi ni apareció en esta jornada.
Estoy muerta. Muerta en vida. Lo cual es más penoso que estarlo de verdad, porque se sigue transitando por caminos oscuros, dolorosos, sin calma, con gente perversa que provoca el cansancio y quita todas las posibilidades que existen para soñar.
Como escribí unas líneas más arriba, no hay vida en mí. Ya no.
Y aunque suene pesimista, triste y gris, es mi realidad. Mi maldita realidad sin solución.
Arrodillada, caigo entonces, rendida frente a aquella (La más dañina) y, aquellas personas que me quitaron todo.
Principalmente la capacidad de sentir, porque ya no siento.
Y la ilusión de que algo bueno existía, a pesar de todo. "No" es la verdadera palabra. Esa única y triste afirmación negativa: NO.
Soy un NO absoluto para todo y todos y, hasta el fin de mis días, quizás dentro de poco; el NO extremo no me de tregua un instante.
miércoles, 3 de junio de 2009
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RosarioPublicado por Anónimo 3 comentarios |
Amor extraño. Oh sí! Tus abrazos, tus besos y caricias. Tu presencia toda. Escucharte y mirarte atentamente, aún sabiendo que no podría tenerte más de unas pocas horas.
Siempre fue así, desde hace años.
Sos la persona más importante que pueda mencionar, después de mi hija claro.
Estás tan lejos y, sin embargo, sos la persona más cercana que tengo.
Amo tu ciudad sin conocerla. Rosario. Tu dulzura, tu sabiduría y tus buenas acciones, despertaron en mí cierta admiración, además del interés que me genera tu persona.
Es difícil de explicarlo. Nadie lo entiende. Nadie “nos” entendería nunca, lo sé.
Hoy son sólo recuerdos maravillosos. Los más tiernos, gratos y dulces recuerdos. Después vinieron otros, por supuesto; pero esos pertenecen a otra historia.
Estas líneas son sólo para ti, sabiendo que no vas a leerlas porque no te lo permitiría nunca. Te extraño. Extraño nuestras largas charlas. Las caminatas. Especialmente la última, aquel día de lluvia, dónde viniste exclusivamente hasta Puerto Madero, sólo para darme un abrazo.
Uff! Cómo pasa el tiempo! Cinco años ya…
Siento mucha tristeza. Tiene que ver con el saber que ya no existen las posibilidades. Con el aceptar resignarse, después de todo. Aún así yo te extraño y te necesito tanto…
“Ahora es nunca- Todo es nada” canta Gustavo Cerati y, debo reconocerlo: esa frase encierra todo esto que pasa. Que me pasa. Que nos pasa… Amor extraño…
miércoles, 13 de mayo de 2009
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ÉlPublicado por Anónimo 2 comentarios |

Fue la mejor relación de todas las que he tenido a pesar de que, no fue una relación justamente.
Creo que fue eso, lo que la hizo mágica, especial y única. Sus besos y caricias, fueron música para mi alma triste y solitaria. Aunque nunca le pedí ni esperé nada: Él me dio todo. Esperanzas, alegría, color y sobretodas las cosas: calma. La más pura y absoluta calma que, un ser humano pueda desear. Sin ser feliz, a su lado lo fui. He sido transportada a un mundo paralelo, dónde el dolor y la oscuridad no tuvieron lugar.
Su ternura, su suavidad, su mirada limpia y profunda. Yo que siempre me encontré fea, junto a Él me sentí bella. Mis largos cabellos negros, adoraban sus manos enredándose en ellos. Mi boca amaba su boca, sus dulces besos, sus sabias palabras. Era tan grato Él.
Escucharlo, verlo, sentirlo. Sumergirse en sus bonitos ojos verdes y, saberse protegida, fuera de peligro con solo observarlo.
Fue la felicidad toda, sin buscarla. Fue la calma: no existía la ansiedad a su lado; ¡vaya hazaña! ¡Oh Dios! Las imágenes bellas, los ricos aromas, las noches más dichosas. Si mañana tocase ser el día del adiós, ese día se aproxima con mucha ligereza, debo aclarar; lejos de entristecerme, guardaré su recuerdo en todo mi ser, con la felicidad más grande y dulce que, puede haber sentido jamás.
Él me hizo feliz. Ya lo decía allá lejos y hace tiempo, una canción: "Yo no esperaba nada y te ví".
Algo de eso me sucedió a mí.
En su totalidad. Con toda su máxima pureza.
Sólo resta decir: ¡Gracias! Gracias por permitirme sentir.
Para una persona que se había olvidado el significado del verbo sentir, valga la redundancia, el recordarlo, el volver a experimentarlo, fue la felicidad más grande que pudiera manifestarse.
A mi amigo Pine.
Es "Él" de esta historia.
Eleanor Rigby.
martes, 28 de abril de 2009
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AmistadPublicado por Anónimo |

Ella era una mujer triste. Su vida estaba signada por los recuerdos dolorosos, las personas agresivas y hasta el aroma del aire le sabía a denso.
A pesar de estar rodeada de mucha gente, a las cuales consideraba amigos, ella se sentía sola. Era una sensación de vacío lo que realmente su alma experimentaba. Difícil de explicar. Amaba la literatura y la fotografía. Eran sus motores de alegría. Dentro de esos mundos, se movía con total comodidad y podía expresarse: era ella misma. Había creado una burbuja en la cual, sólo ella se sumergía.
Un día apareció él, para traerle a su mente lo lindo que era recibir caricias, buenos modos y hasta lo agradable que se veía su cara al sonreír.
Capuchinos, Julio Cortázar, Avenida de Mayo, Taller Escuela “La Imagen”, los 36 Billares, El Café Tortoni y mucha pero mucha charla.
En tan poco tiempo, se hicieron muy amigos y hasta cabe decir, sin exagerar que, parecía de esas amistades de añares.
Él pronto estaba marchándose. Un viaje en velero por los mares era su destino, quién sabe por cuánto tiempo.
Sin embargo, lejos de sentir tristeza o nostalgia; ella estaba feliz. Feliz por esa hermosa pausa que él le había otorgado en su vida. Le recordó lo hermosa que era su cara, a pesar de no estar conforme con su nariz, de lo importante que era como persona, como ser humano y, también le hizo sentir lo especial que ella era frente a la gente toda y al mundo en particular. Feliz porque, después de tanto pero tanto tiempo, alguien la había tratado bien.
En definitiva, lo que ella más quería era que la tratasen bien. Y él lo había hecho: la había tratado bien.
Dedicado con todo el cariño posible a Pine.
Eleanor Rigby.
martes, 21 de abril de 2009
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AlgoPublicado por Anónimo |
Comprender no siempre
Es aceptar.
Resignar no significa
Siempre llorar.
Oscuridad, no siempre es
Parte de la tiniebla total.
Y la luz,
Aquella blanca y pura,
Sólo es un mero espejismo
En este y aquel desierto
Que nos pertenece
Que nos invade
Que nos inunda…
Eleanor Rigby
sábado, 18 de abril de 2009
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MaldadPublicado por Anónimo 7 comentarios |
A partir de este momento, decido desterrar de mi persona, todo lo irrealizable, inútil y hasta imposible que hay dentro de mí. Léase, sentimientos, ilusiones, esperanzas y hasta personas.
Por un lado siento dolor claro, el sufrimiento de aceptar la nada total, de la cual en varias oportunidades ya hice mención; pero en otro punto, el alivio de saberse desposeída de la posibilidad de experimentar más daño.
A veces creemos que, ciertas personas van a alegrarnos la vida o sacarnos una sonrisa, porque así somos nosotros con el resto; sin embargo, el error es grueso.
Una mueca de cinismo, hipocresía y maldad, se cierne sobre sus rostros. Y, allí están sonriéndonos de todos modos.
El caso es que finalmente, nos damos cuenta de estas acciones y, a pesar de no hacer nada frente a ello, tenemos el poder de razonar que nos están haciendo mal de todos modos, aunque no luchemos, aunque seamos objeto de burlas, aunque esto y aquello…
Esta nota surgió como consecuencia de la nefasta forma de proceder de, alguien más nefasto aún que, me provocó tristeza. Sin embargo, también siento lástima y sobretodo pena, por no ser digno siquiera de catalogarlo como persona. Una cucaracha estaría bien. Aunque si recordamos a Gregor Samsa, el personaje central de la Metamorfosis de Kafka, tampoco deberíamos brindarle la posibilidad que sea dicho ser. Sería demasiado para él, demasiado, bastante…
Eleanor Rigby
jueves, 16 de abril de 2009
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ComparaciónPublicado por Anónimo |

No puedo dejar de mirar a los demás y, darme cuenta que no pertenezco a su mundo.
Por momentos me invade una fragilidad e inseguridad, difícil de explicar con palabras.
Siempre me siento menos, a pesar de que me digan lo contrario.
No estoy a la altura de, aquellos talentos y, no sólo me refiero a nivel literario (lugar en el cual mi inseguridad, valga la redundancia, se incrementa), sino en todos los aspectos de la vida.
En mi trabajo, siento que una enorme ola un día va a taparme y arrastrarme hasta lo profundo del mar, sin chances de salir a flote. Tanto sacrificio, tanto esfuerzo para que, nunca sea suficiente, nunca esté del todo bien lo realizado.
En mis días “reales”, así califico yo mi afuera de la oficina; la cosa no está mucho mejor.
Sufro de la “comparación”. Me comparo todo el tiempo con todo y todos. Con mis hermanas, con las amigas y hasta con las compañeras de la oficina. Cualquiera es superior a mí.
Muchos dicen que no es cierto, que soy bonita, inteligente, sensible y que, tengo un don para poder salir adelante, a pesar de las tragedias que han sucedido en mi vida.
Persona triste si las hay, he padecido desde la más cruel agresividad y violencia, hasta la más liviana de las discusiones y humillaciones. A pesar de ello, sigo de pie, con tristeza claro.
En muchas oportunidades he hablado del vacío que ataca mi alma. Un vacio que parece no llenarse jamás.
Soy pesimista, depresiva y autodestructiva. Las letras y las lecturas me ayudan un poco (bastante debo reconocer), a no seguir agregando cicatrices en mi cuerpo, con las que tengo son más que suficientes.
Detesto no poder sentir amor por alguien y, a la vez reconozco que sería inútil que lo sintiese, ya que nunca confiaría que de verdad me quisiesen.
Así van transcurriendo mis días: entre horas y horas de trabajo, poco sueño, poca alimentación, muchas lágrimas que no siempre derramo (prefiero escribir antes que llorar, es mi especie de “terapia”, por así decirlo) y las ganas y no ganas de sentir, amar, creer, reír, ser feliz… Será posible? Es que tendré alguna oportunidad de pasar a ese lado al cual todos pertenecen y yo no, del que, al principio de esta nota hablé? Aún no tengo las respuestas y quién sabe si las tendré…
Eleanor Rigby.
sábado, 11 de abril de 2009
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SensacionesPublicado por Anónimo 3 comentarios |
Juro por Dios que, he intentado con todo mi ser, pensar en cosas agradables, coloridas, buenas. Sin embargo, no logro deshacerme de la oscuridad que me rodea. Tendrá que ver el hecho de que soy atea? Esta pregunta es a modo irónico, no puedo evitar serlo; la ironía, el pesimismo y la acidez son características propias mías y son inseparables de mi persona.
Hecho de menos a algunas viejas amistades y, cuando aparecen no quiero saber de ellas.
Por otro lado, me entusiasmo con otras que, apenas conozco (casi nada, debo admitir) y a pesar de haberme prohibido llegar a sentir algo parecido al amor por alguien; estas sensaciones me invaden el cuerpo, sobretodo el corazón, haciéndome actuar como alguien que no soy: esperanzadora, alegre e ilusa, frente a situaciones que se me presentan y que sé, a la larga o a la corta, más probable esta segunda opción, terminen lastimándome, haciéndome daño, causándome sufrimiento y aumentando aún más el odio que siento hacia mi persona.
No sé para que lado correr. No sé cómo seguir. Hacia dónde avanzar. Qué camino tomar. O lo que es peor: Hay algún tipo de camino o veredita siquiera, para mí?
Tantas incertidumbres, tantas preguntas, muchas inseguridades, demasiadas a mi gusto.
Sigo paralizada. No puedo continuar y, eso me deprime, me molesta, me arrastra hacia una nada que parece no tener fin. Es que en verdad, la nada es infinita. Y yo soy parte de una nada irremediable que, a veces por momentos olvido que pertenezco a ella.
Eleanor Rigby.
jueves, 9 de abril de 2009
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ListaPublicado por Anónimo 4 comentarios |
Lista de cosas agradables:
1)Ver sonreír a mi hija.
2)Darle un fuerte abrazo y un beso a mi hija.
3)Ver como cae la noche a través de la ventana de mi casa.
4)Ver como amanece también a través de la ventana de mi casa.
5)Tomar un capuchino charlando con un buen amigo en un bar.
6)Leer una grata historia.
7)Poder disfrutar de la lluvia en algunas ocasiones.
8)Sonreír yo (Aunque no lo haga a menudo).
9)Escribir.
10)Salir a pasear un día de sol con una suave brisa que sople sobre mi cara.
11) Tener muchas amistades. Buenas amistades.
12) Por último, pero creo que lo más importante: lograr la calma definitiva, que mi mente pero, sobretodo mi alma necesita.
Es una pequeña lista, que surgió luego de, un pequeño ataque de ansiedad que tuvo lugar en mi trabajo. Comencé a anotar a modo de lista de supermercado, las cosas o situaciones que más me agradaban y, para el final una especie de deseo propio que espero, se cumpla pronto.
Eleanor Rigby.
miércoles, 8 de abril de 2009
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EsperanzasPublicado por Anónimo 4 comentarios |
“A veces estamos demasiados dispuestos a creer que el presente es el único estado posible de las cosas.” (Marcel Proust)
Es una de mis frases de cabecera, sobretodo cuando me ataco y observo todo, pero absolutamente todo a mi alrededor y, tengo ganas de abrir surcos en mis venas y que la sangre fluya sin fin hasta acabarse del todo de mi maldito cuerpo.
El problema es que, intento no hacerme problema precisamente, sin suerte. No me sale no involucrarme en todas las causas que creo justas y, mucho menos no sentir a pesar de hacer el esfuerzo por reemplazar mi corazón por una piedra.
Siento rabia, mucha ira y fastidio al ver que, las personas que más amamos, se van lejos, desaparecen o en el peor de los casos, se mueren.
A pesar de haber recorrido muchos caminos, haber experimentado diferentes vivencias, conocido mucha gente de culturas diversas y de ser alguien muy sociable, sigo sintiendo ese vacío que no logra desaparecer.
Me siento triste. Angustiada. Cansada. Sin esperanzas de nada. De qué sirve ilusionarse o esperanzarse cuando nada es posible, cuando YA nada es realizable?
Hoy tal vez esté un poco más oscura que lo habitual. Motivos tengo de sobra.
Aquella joven fotógrafa, aspirante a periodista (estudié tres largos años en la bella ciudad de La Plata), hoy es una vieja recepcionista fracasada que, sigue quedándose estancada en el medio del barro y, no puede atrapar esa soga que la saque del pozo de seis metros bajo tierra en el que se encuentra.
Saldré a la luz alguna vez? Desaparecerá toda esta amargura que me invade el alma? Volveré a sonreír de verdad? Estas y otras preguntas no tienen respuestas y no sé si las tendrán. De mientras, sigo esperando. Es lo que más hago: esperar y esperar...
Eleanor Rigby.
viernes, 3 de abril de 2009
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TrabajoPublicado por Anónimo 4 comentarios |

Hace unos días, escribí acerca de la espera. Acerca de la ilusión o esperanza que, a veces sentimos o creemos sentir, vale lo mismo, con respecto a una determinada situación o persona.
Era un escrito más bien desalentador, sin alegría, con cierta nostalgia y hasta pesimismo con esa espera.
Hoy podría afirmar con convicción que, no me he equivocado. Al menos en mi caso.
No hay posibilidad alguna de esperar nada. Sólo hay dolores, sufrimientos del corazón, pero ante todo del alma; lo cual hace más profundo y gris mi sentir.
Trabajar doce horas por día, seis días a la semana (gracias a Dios que existe un domingo para descansar y acordarse de que uno también tiene vida) para que, el dinero no alcance de todas formas, soportar el maltrato y toda la mala educación que, se desprende de la persona que lleva como titulo: “Jefa” y, aún así seguir en el mismo lugar sin la remota posibilidad de responder, de defenderse.
Eso por un lado. Odio mi trabajo. Hoy por hoy, es lo que hay y no puedo dar un portazo y marcharme, teniendo que cuidar a una pequeña de siete años que, no tiene padre que colabore y/o ayude en su crecimiento y educación.
Por el otro, me encuentro rodeada de personas insignificantes. Es decir, aquellas que están cerca, son sólo intento de buena gente, escondidas en su macabro disfraz que, al quitárselo, aparece el lobo hambriento dispuesto a pegar el zarpazo para herirnos y, dejarnos al borde de la gravedad.
Mis piernas y brazos exhiben cicatrices que yo misma me he “regalado” cuando, por ejemplo, me desbordo o no puedo enfrentar una situación. Es mi modo de desahogarme. Aún así, juro que es más doloroso cada uno de los retos sin sentido, a los cuales me veo sometida día a día.
El contraste es grande: unas puertas de vidrio gigantes que, me muestran todos los diques con su agua calma, algún que otro bote que pasa, la gente que camina perdida en sus pensamientos, las palomas buscando alguna miguita para comer y, aquí adentro el caos eterno que nunca se rinde, que nunca descansa, que nunca duerme.
Eleanor Rigby.
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SilencioPublicado por Anónimo 4 comentarios |

Libertad de expresión. Qué importante, qué necesaria y qué imprescindible es para todos. Especialmente para aquellos que trabajamos con las letras, con el poder de la palabra, con el comunicar.
En el día de hoy, me sentí absolutamente privada de ella. Un día cualquiera, de sol, calmo, apacible y tranquilo hasta ese momento... en mi trabajo; sin embargo, como no podía durar por mucho, mi jefa me indicó la nueva orden a cumplir: “Terminantemente prohibido hablar en la recepción (mi puesto de trabajo, en este “maravilloso” y “bello” lugar) con los compañeros.
No hay manera de explicar cómo me siento. No hay forma posible de describir no sólo, mi tristeza y malestar, sino el poco valor y respeto que se tiene hacia mi persona.
Teniendo en cuenta que yo soy una mujer muy extrovertida, alegre y divertida (es la máscara que uso en mi trabajo, ya que en mi vida diaria soy alguien muy pesimista, triste y hasta masoquista); siento una impotencia y furia de un tamaño de un edificio de 15 pisos (me gustó ese número, por eso lo utilizo en este ejemplo) y más aún, sabiendo que no puedo hacer nada. No puedo rebelarme, no puedo contestar ni refutar dado que yo no soy autoridad y, de más está decir que corro el riesgo de perder mi lugar si, llegase a actuar de esa manera.
Lo que sí puedo decir y manifestar, es mi profunda lástima y pena (yo creo que la lástima y la pena son los peores sentimientos que se puede sentir hacia alguien, más que el odio, ya que se siente pena o lástima por aquellos que son gusanos, escorias o hijos de mala madre) hacia “esa” persona que, para sentirse bien o gozar, necesita del dolor ajeno, de la tristeza del otro y del desmerecimiento humano, sabiéndose inferior de condiciones en todos los aspectos y valga la redundancia; descalifica, insulta y hasta prohíbe el hablar y/o expresarse a quién se conoce amante de la comunicación.
Estoy muy enojada, amigos. Sepan disculpar. He dicho.
Eleanor Rigby
domingo, 29 de marzo de 2009
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DecisionesPublicado por Anónimo |
Es hora de empezar a actuar.
Es tiempo de profundizar en los daños, tormentos y sufrimientos, que tanto me invaden cual guerra de los mundos, para vencerlos.
Dejar de lado a todas aquellas personas que me lastiman, que me hieren, que no aportan nada a mi vida.
Hablamos de familia, hablamos de amistades y hasta de todos aquellos que dicen amarme y, cuando necesito de su abrazo, su oreja (para escuchar mis tediosas historias) y hasta de su compañía, por más que sea un breve instante; no aparecen.
Amores que están lejos (Quién dijo que Rosario estaba cerca?, yo la encuentro tan pero tan lejos….) “Lejos es no estar” dice una canción de Cabezones (Oriundos de Santa fé) y, créanme que es absolutamente cierto.
Extraño aquellos días en los cuáles a pesar de no ser felíz, estaba ilusionada con que sí, tal vez alguna vez podía serlo. Los abrazos fraternos, las charlas (intensas y muy muy largas) y aquellas caminatas por la Recoleta, con todo el colorido de la feria de artesanos, sus fragancias de sahumerios y la bajadita llena de tarotistas y adivinadores de quién sabe qué futuro posible.
Sin embargo, aunque se me estremece el corazón al recordar cada uno de esos instantes ya pasados y que, no volverán; como escribí al inicio de esta breve narración: Es hora de empezar a actuar.
Dejar de lado la angustia y tristeza que me produce el ser invisible para algunas personas. Aceptar que, no voy a materializarme en sus vidas. No sucedió antes, no sucederá ahora.
Aprender a vivir con mi soledad extrema y que, si bien es grato tener la compañía de seres que faciliten nuestra vida, es mejor emprender caminos solitariamente pero pisando firme, que hacerlo junto a penosas personas que nos conducen inevitablemente a la desdicha eterna, o casi.
Decidí dejar de marcarme el cuerpo, principalmente mis muñecas y tobillos. Decidí arreglarme el cabello, decidí respirar aire puro y observar el vuelo de los pájaros. Las estrellas y la luna por las noches.
No soy felíz y ya no existe la remota posibilidad de serlo. Aún así, otra de las decisiones que acepto tomar, es la de no acumular más desgracias, más tragedias.
Acá hago stop. Acá comienza a desarrollarse mi límite. Acá comienzo a actuar.
Decidida e inmediatamente comienzo a actuar YA!
Eleanor Rigby
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DíasPublicado por Anónimo 4 comentarios |
Me produce mucha impotencia el no poder eliminar del todo mis temores.
Pasa el tiempo me voy poniendo vieja, como dice la canción, y aún así persisten en mí ciertos recuerdos, algunas oscuridades, muchas inseguridades que son casi desterrables.
La soledad que me rodea es infinita, a pesar de estar acompañada por muchas almas.
“Una persona puede sentirse sola, aunque haya mucha gente que la quiera” del diario de Anna Frank, algo de eso me sucede.
No puedo explicar con palabras la tristeza que siento, la angustia infame que me ataca día a día, el maltrato de los que más quiero.
A veces, llegan a mí ideas trágicas; como si la muerte fuese la única vía de escape a tanto dolor.
Qué es lo que sigue? Hay algún modo posible de ser felíz? Es decir, existe alguna probabilidad que YO sea felíz?
Realmente no lo sé. Muchas preguntas sin respuestas por el momento, mientras “la vida es eso que pasa mientras hacemos grandes planes para el futuro” (John Lennon).
Eleanor Rigby



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