
Hace unos días, escribí acerca de la espera. Acerca de la ilusión o esperanza que, a veces sentimos o creemos sentir, vale lo mismo, con respecto a una determinada situación o persona.
Era un escrito más bien desalentador, sin alegría, con cierta nostalgia y hasta pesimismo con esa espera.
Hoy podría afirmar con convicción que, no me he equivocado. Al menos en mi caso.
No hay posibilidad alguna de esperar nada. Sólo hay dolores, sufrimientos del corazón, pero ante todo del alma; lo cual hace más profundo y gris mi sentir.
Trabajar doce horas por día, seis días a la semana (gracias a Dios que existe un domingo para descansar y acordarse de que uno también tiene vida) para que, el dinero no alcance de todas formas, soportar el maltrato y toda la mala educación que, se desprende de la persona que lleva como titulo: “Jefa” y, aún así seguir en el mismo lugar sin la remota posibilidad de responder, de defenderse.
Eso por un lado. Odio mi trabajo. Hoy por hoy, es lo que hay y no puedo dar un portazo y marcharme, teniendo que cuidar a una pequeña de siete años que, no tiene padre que colabore y/o ayude en su crecimiento y educación.
Por el otro, me encuentro rodeada de personas insignificantes. Es decir, aquellas que están cerca, son sólo intento de buena gente, escondidas en su macabro disfraz que, al quitárselo, aparece el lobo hambriento dispuesto a pegar el zarpazo para herirnos y, dejarnos al borde de la gravedad.
Mis piernas y brazos exhiben cicatrices que yo misma me he “regalado” cuando, por ejemplo, me desbordo o no puedo enfrentar una situación. Es mi modo de desahogarme. Aún así, juro que es más doloroso cada uno de los retos sin sentido, a los cuales me veo sometida día a día.
El contraste es grande: unas puertas de vidrio gigantes que, me muestran todos los diques con su agua calma, algún que otro bote que pasa, la gente que camina perdida en sus pensamientos, las palomas buscando alguna miguita para comer y, aquí adentro el caos eterno que nunca se rinde, que nunca descansa, que nunca duerme.
Eleanor Rigby.
Escritores anónimos para nosotros mismos, para los que nunca van a saber si lo son, pero escriben ya que las letras son "obreras contra la angustia, amigas de nuestra prisión y el consuelo en los bosques de la desesperación..."(Letras)
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viernes, 3 de abril de 2009
Trabajo
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