El pasillo era largo, pero no obscuro, sus paredes blancas por el color de la pintura brillante, daba una sensación de luminosidad misteriosa, como si fuera un halo, para el que mirara desde el principio del angosto pasillo.
Al mirar luengo de un rato, parecía que se hacía cada vez más angosto y pequeño, donde ya no se podía ver el final. Unos bancos bajos servían de descanso, para aquel que se cansara de estar apoyado en la pared fría. Dicho sea de paso, la gente prefería estar de pie, que sentir la dura tortura medieval que sentían enseguida de sentarse en esos tablones de madera. Quizá, a raíz de los bancos incómodos y el pasillo que cada vez se angostaba más, las personas se sentían intranquilas, no tenían miedo, pero si desconfianza.
Unos radiadores de agua caliente raquíticos, terminaban por decorar, las paredes etéreas, inocuas y a la vez, misteriosas. Nadie todavía, había podido descifrar el silencio que acontecía, al llegar un extraño al conocido pasillo. Todos los presentes esquivaban su mirada, eludiendo la consabida pregunta, ¿se dieron cuenta que el pasillo pareciera angostarse?
Un silencio sepulcral luego de esas palabras, nadie se atrevía a buscar una explicación lógica. El nuevo, el recién llegado, también se sumía en sus pensamientos sobre dicho fenómeno. Las miradas cómplices, decían que ese silencio, era lo mejor que tenían, quizá al encontrar una respuesta, se terminaría el misterio del pasillo, con eso, se enterarían algún terrorífico secreto, y no tenían intenciones de saberlo.
Las personas fueron y vinieron durante años, cambios de pintura, nuevos bancos, más incómodos claro. Nueva gente que llegaba ahí, pero siempre, el mismo silencio, solamente se podía escuchar el murmullo de las zapatillas blancas de las enfermeras en sus quehaceres, como un fru-fru, que cambiaba la monotonía del lugar.
Los médicos abriendo las puertas de los consultorios llamando a los esperanzados asomándose al pasillo.
El hospital hacia décadas que estaba abandonado y cerrado, quedando solo una tenue luz que ingresaba por las ventanas, y las motas de polvo danzando al compás de la lluvia que se filtraba por los techos, solamente el eco se podía oír, el eco del silencio, que aturde, atonta y desorienta. Ese silencio que a uno mismo, lo empujaba, arrastraba, atraía hacia el pasillo, que continuaba ahí, sin cambios, de pie.
Ese pasillo interminable, angosto, blanco, fantasmal
Gabriel Duarte
14/04/09
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lunes, 18 de mayo de 2009
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SILENCIOPublicado por Gabriel 0 comentarios |
viernes, 15 de mayo de 2009
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LAGO PUELOPublicado por Gabriel 3 comentarios |
LAGO PUELO
Quisiera dormir, un sueño sin voces
Sin murmullos que me despierten
Recuerdos borrados a la fuerza
Un mundo en donde ya no soy.
Quisiera dormir sin sobresaltos
Rendidas mis fuerzas de tanto luchar
Mi tortura se hace insostenible
Al comprender mis sueños atormentados.
Quisiera dormir, sin ser yo mismo
El que despierte esperando,
Un amanecer que llega sin sentido
Mi corazón palpita menos.
Quisiera dormir, otra vez cansado
Para no sentir la soledad que me aplasta
Recuerdos de un lago brillante
Al que nunca tuve que haber ido.
Quisiera dormir otra vez en el bosque
Bajo el cielo estrellado,
Que fue mi abrigo sin haberlo esperado
Cuando mi fuego fue apagado.
Quisiera dormir en tus orillas
Agua cristalina que lava mis pecados
Y siempre he vuelto a lo soñado
Todo eso que nunca había buscado.
Quisiera dormir en infinitos ocasos
Esos que me mecían sin cesar,
Y en cuanto miraba mis manos
Sentía las olas, pintadas en mis brazos.
Quisiera dormir sin cesar
Para no despertar jamás
De este sueño malogrado
Quisiera dormir…una vez más.
Gabriel Duarte
17/05/08
sábado, 9 de mayo de 2009
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CIENAGAPublicado por Gabriel 3 comentarios |
El olor a tierra mojada me transporta
Más allá de mis sentidos adormecidos,
Las hojas podridas del bosque
Me recuerda lo que florece y muere.
Quisiera ver el cielo, pero no puedo
La obscuridad que hay en mi alma,
No me permite ver más allá de la ciénaga.
Que me desorienta con su pestilencia.
Atrapado y sin salida, en este laberinto
Cual corazón de fuego que se pierde
En la hondonada del azul profundo del mar
Donde me sumerjo continuamente.
Desesperanzado de la mirada gris
Que me devuelve el espejo del alma
Vuelvo al bosque que me cobija
Que me protege por dentro.
Un colchón de espinas para dormir
Pero un manto de estrellas para mí
Que me ilumina más que las luciérnagas.
Antes iluminado por ti.
Destino insospechado, cruel destino
Al bosque me llevas cada tanto,
Me desespera este desatino,
Quiero salir de aquí, es un laberinto.
Palabras susurradas llegan a mis oídos
Se pierden en la bruma del amanecer
Como si fuera un corazón
Cuando se apagan sus latidos.
Que es lo que siento por ti
Bosque tan amado,
Porque me atrae tu soledad
Porque es que me pesa tu sombra.
Si a ti me ha llevado
Mi sentido aun te busca
En los caminos olvidados
Tanto he recorrido sin haberte encontrado.
No desespero, una luz me está guiando
La del tiempo, que todo va perdonando,
Solamente ser paciente en donde otros
Han desesperado.
Dulce bosque, tesoro prometido
Se que no te dejaré, tú me lo has dicho
Fiel siempre lo seré, nunca jamás
Otra Hada me hará perder.
El camino que tanto me ha costado,
Tu frescura, jamás de vuelta arrebatada
Tu verdor, nunca empañado,
Tu amor, eso, que tú, me has enseñado.
Gabriel Duarte
16/05/08
a las
sábado, mayo 09, 2009
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Etiquetas: _Poesia, Gabriel Duarte



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