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martes, 17 de mayo de 2011
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Tomar las armasPublicado por Danilo Gatti |
viernes, 25 de marzo de 2011
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Tomar las armasPublicado por Danilo Gatti |
Un hombre se inclina a recoger su lápiz,
Se ha caído.
Se inclina con cuidado, pues el cuerpo (como todo lo demás) ya no es el de antes.
Este hombre se inclina, y al hacerlo, pensamientos lo abordan, imágenes se le cruzan
Delante.
Como electricidad.
De repente, parece ganar vértigo y perder equilibrio.
Le cuesta cada vez más llegar, la vista se le nubla, la mente se puebla.
El hombre sigue allí.
Así.
Inclinado,
Con la mitad de su cuerpo hacia abajo, estirando su mano,
A punto de tomar el lápiz,
Pero no.
Transpira.
El hombre ahora teme, que todos a su alrededor noten lo que le sucede.
Súbitas palpitaciones lo asustan.
El hombre siente que el tiempo se detiene.
Todas las miradas, adivina, sobre él.
Sufre.
Trata de concentrarse, de apurarse. De centrarse en ese lápiz.
Es en vano.
Inventa excusas para el momento de incorporarse. Imagina que cara pondrá, como fingir que nada pasa, que nada paso por su cabeza.
Cuando, en realidad, todo ha pasado.
El aire del lugar ya es irrespirable, la tensión parece apoderarse de todo.
Cree, el hombre, que todo a su alrededor ya es niebla, bruma...
Al menos eso quisiera.
Imagina las risas solapadas, como sobradoras. De costado, pequeñas, con la boca entre cerrada.
Imagina las cargadas, las preguntas inquisidoras.
Ya lo sabe,
Ya lo saben.
El hombre tiene pánico.
¿Notaran, entonces, lo que paso?
Aun peor ¿Sabrán, al fin, lo que verdaderamente piensa? Lo que oculta. Aquello que esconde bien atrás de su mente, de sus ojos.
¿Adivinaran en su rictus el alarido contenido que grito? ¿Verán en sus gestos la cara de espanto que percibió?
¿Y qué hay de las voces?
¿Y qué hay de sus silencios?
¿Descubrirán el peso de sus silencios?
Se dice a sí mismo “eso no debe suceder”,
No puede permitirlo.
El hombre, lento, como una clavija, como un engranaje sin aceitar, se incorpora. Se toma con una mano la base de la espalda pretendiendo dolor.
Una vez incorporado los mira, uno a uno. A todos, a toda la ronda alrededor de la mesa.
Detrás de sus lentes empañados todos parecieran haberlo notado.
(A decir verdad, detrás de esos lentes empañados el mundo entero parece distinto)
En silencio,
Planea su huida.
Un hombre se inclino. Un hombre ha caído.
Para siempre.
Para no volver a ser el mismo.
Danilo Gatti
http://www.unfrioyrotoaleluya.blogspot.com
jueves, 27 de enero de 2011
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La viudaPublicado por Ange Caro Poeta 3 comentarios |
Hoy es un día de fiesta. Los rayos del sol entibian su demacrado rostro. Sì, es el mejor domingo que no ha tenido desde hace mucho, mucho tiempo.
Había muerto su respetado marido Javier.
Por fin podía regar su jardín tranquila. Sin ese terror latente de sentirlo llegar, sorprendiéndola haraganeando ó coqueteando como él siempre le reprochaba.
Sólo aquello era motivo suficiente para que Javier, tomara en brazos a su hijita menor de tres añitos y le colocara una navaja en su cuello, amenazandola:
-Si te vuelvo a pillar fuera de la casa calentando a los hueones que pasan, verás este pescuezito sangrar...-
-¿Te quedò claro amorcito?-
Soltando luego una risotada que erizaba su piel de miedo, rabia, odio e impotencia.
En una hora màs debía ponerse el tradicional vestido de luto y arreglarse para el funeral.
-¿Qué haría para ocultar su alegría?-
Tenía que mantener las apariencias a pesar de todo, ya que pasaría a ser una respetada y feliz viuda.
Nunca más ningùn maldito, desgraciado hombre, se atrevería a dañarla a ella o a sus niños.
Tantos años aguantando los golpes, las humillaciones, los correazos... La cicatriz en la espalda era una pequeñísima muestra del maltrato proporcionado por su cruel y apuesto cónyuge.
-¡Que ironía!-
Justo la angelical apariencia de aquel engarbado moreno, esos ojos verdes, la habían hechizado para llevarla al altar.
Aun asi, al verlo agonizar de tantas puñaladas que le dio ese bendito extraño, no supo si llorar desconsoladamente
ó reír a carcajadas... Y optó por las dos cosas.
Después del funeral y antes del toque de queda (horario limitado para salir a la calle, impuesto en la época de la dictadura) se arriesgar´´ía a visitar alddesconocido asesino ¿Ó salvador?? a la cárcel, para darle las gracias.
(Relato publicado en "La Antología Nido de Peucos)" 2005, Autor:Poemi Carolina)
sábado, 11 de septiembre de 2010
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Carta a JorgitoPublicado por Jorge n |
viernes, 21 de mayo de 2010
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LUNAPublicado por José Pepe Parrot 5 comentarios |
LUNA
Marcelo Daniel Fernández Olivares
jueves, 18 de febrero de 2010
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No entres en mi habitación...Publicado por Anónimo 7 comentarios |
Escupe el renacuajo un ácido y es su naturaleza.. el humano cuando condensa su cólera también lo hace..
No entres en mi habitación.. las paredes hablan, huele a humo entre la savia que se cuelga de la lámpara. Dos almohadones con olor a sexo descansan sobre el suelo, la consola está cubierta con una sábana que sabe a un sueño.. música en el dormitorio.. bandoneones, bajos, acordeones, castañuelas, tambores, flautas, piano piano.. recuerdos de antaño..
No entres a mi dormitorio.. las resacas cotidianas andan sueltas, sin chaleco, sin bozal, perezosas y de mal humor, huelen a cerveza, a nicotina, a desencuentro, a llanto vivo.. no entres allí.. observa el cuadrilátero que forma mi habitación, pero desde afuera, toca lo que quieras.. pero desde afuera.. no entres allí.. escucha,.. sentí, procesa lo que quieras.. pero desde afuera.. no entres al dormitorio.. te aturdirá el gentío.. se escuchan gritos, quebrantos, la multitud protesta porque la señorita cobranza que está en la caja, seduce a un caballero, olvidando la extensa cola de disparates y escalofríos que esperan impacientemente ser atendidos.. murmurando, vociferando, estornudando.. se me pone la piel de gallina cuando los escucho.. ¡!
Te propongo algo.. Concédeme unos minutos para conversar con las paredes. Trataré de convencer a los muebles, a los artefactos electrónicos, a las líneas de las baldosas, a la visera amarilla, a la colonia refrescante y demás armamentos que habitan allí.. intentaré persuadirlos para que acepten tu ingreso, sin incomodarte con sus malas caras o sacralidades..
Vaya vaya.. en el cartel cuelgo la respuesta que me han dado las paredes…
puerta y la cerraré.. cuando lo leas sabrás cual fue la respuesta.. El cartel dice.. “No golpee la puerta y no espere.. es en vano.. una víspera de novedades andan de fiesta hoy”.. Sin disculpas y sin Gracias.. Saludan, con la más alta cortesía.. las paredes..
domingo, 27 de septiembre de 2009
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Descontrol.Publicado por Anónimo 3 comentarios |
Nadie apareció, y sus manos se aferraron a aquél revolver que acabó con su existencia.
martes, 9 de junio de 2009
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Andamana, la reina mala (I) (fragmento de una novela)Publicado por Marcos Alonso 0 comentarios |
Cuando las noches enviudan son mas largas. Quizás, pierden el sentido del tiempo recordando la Luna, que con su velo blanco cubre el valle dormido. Las horas pasan lentamente, posiblemente sean las mismas, que dan vueltas y vueltas, sin querer despertar del sueño mágico. Ese sueño dormido que siempre tiene una leve sonrisa sobre la cara amable de la Luna. Pero a veces, la noche cerrada frunce su ceño y aprieta el puño golpeando las montañas. Retumba el valle aterrado, entre histéricos truenos y relámpagos, que dejan ver siniestras siluetas. Es en ese instante cuando salen los extraños animales de la noche, que se ocultan durante el día. También, es cuando sale lo peor de nosotros mismos: nuestros miedos, nuestros deseos… gritan, desesperados, queriendo respirar insistentemente el aire de la noche oscura. Sin embargo, algo esta atado a nosotros mismo, mil cadenas lo rodean asfixiantemente y en cada imperceptible movimiento, cada mínimo respiro nuestros ojos se encienden gritando a nuestro cuerpo que se sacude e incorpora violentamente bañado en sudor: son nuestros secretos.
Entre las almas vagabundas, algunas se confunde con los pastores del amanecer, que con sus mantas bordadas o pieles de cabras, delatados por el humo de sus cachimbas, siempre esperan escondidos, entre montañas la llegada de Acorán, en forma de Magec. Un largo, suave, respetuoso silbido precede el despertar y en majestad, rodeado por sus cegadores rayos naranjas, rojos y amarillos, trepa sobre las montañas.
Lejos, pero muy cerca, se alza la Fortaleza, entre abismos anunciadores de antiguos suicidios, que fueron casi siempre asesinatos. Tras la ventana, como una gárgola desafiando los abismos, surge su mirada, que parece intentar rescatar a los inocentes. Su fría figura, negra como la noche, dura como el basalto, inmóvil como la muerte, permanece inalterable sin querer soñar, como si sospechara que inevitablemente perdería algo, quizás todo, si no estuviese alerta. Siguiendo el tic tac del viejo reloj, sus pensamientos se cruzan, como si estuviese tejiendo los hilos de una tela de araña.
-¿Una araña…? ¡Una araña!
El terrible golpe acabó, fulminantemente, con la vida de aquel anciano insecto, que se tambaleaba por las esquinas del palacio. Maldecidos, siempre, los insectos y lagartijas que salían de la tierra eran tan odiados como temidos. Al fin y al cabo, no dejaba de ser una de las tantas formas en la que aparecía Guayota.
Ya no parecía ni fría, ni negra, ni dura, ni inmóvil. Sus gritos quebraron la noche, cuando ya aclaraba el día. Su larga cabellera rizada se agitaba, desordenadamente escondiendo un rostro tapado por las sombras, que iban desapareciendo. Sus manos, donde las venas se confundían con arrugas, coincidieron en la cara al encenderse la luz.
-¿Qué ocurre Señora?
¡Apaga la luz imbécil! –Respondió airadamente, mientras su cuerpo se retorcía, entre el asco y la furia.
Imbécil, era un ser rechoncho y bajito, con los ojos fuera de sus órbitas. El rojiblanco de su piel y sus canas caracterizaban la parte visible de su cuerpo, que sobresalía más allá de su cuello encorbatado. Posiblemente, ya no recordaba su nombre, simplemente era Imbécil. A sus sesenta y tantos años se apresuraba, cojeando, en llegar hasta la puerta. Tras cerrarla se oyó un suspiro. Al fin y al cabo había corrido mejor suerte que la anciana araña.
a las
martes, junio 09, 2009
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Etiquetas: Andamana, Marcos Alonso, narrativa, novela



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