Mientras miraba el documental "Gonzo, vida y obra del Dr. Hunter S. Thompson" (Alex Gibney, 2007) me sorprendió la lucidez de su pluma. Nadie como el pudo advertir el fin del sueño dorado de los 60s de manera tan aguda y adelantada (en "Pánico y miedo en las Vegas" de 1967), o el fin del sueño americano en los 70s con sus artículos sobre la política estadounidense y el triunfo de Nixon, o su mas reciente observación sobre los atentados del 11 de septiembre, cuando esa misma mañana Thompson escribió una columna que vaticinaba lo siguiente:
"No se confundan, estamos en guerra. Será una guerra religiosa, una especie de Jihad cristiana." (...) "Castigaremos a alguien por esto, Irak, Afganistán o Pakistán. No se cual de los 3 será, o quizás sean los 3." (...) "Bush declara una emergencia de seguridad nacional y les caerá duro a todos, sin importar donde vivan o porque".
Y creo que la palabra que utilice anteriormente, "advertir", es la palabra correcta. Pues no es una mera adivinación, o completo azar, es la mente humana trabajando, pensando no por el mero hecho físico de hacerlo (ya que eso lo hacemos todos todo el tiempo), sino pensar como actitud superadora, pensar como una actitud frente a la vida, pensar para un progreso (ya sea individual o colectivo), para conocer mas y mas, para ampliar la capacidad de análisis...
Es lucidez, la misma que ha tenido Julio Verne desde la ficción, Naomi Klein y Noam Chomsky desde el periodismo, y así infinidad de pensadores o escritores.
Definir a un escritor como antes los mencionados solo como premonitorios, o calificar a sus textos como premoniciones es rebajarlos, subestimarlos, reducirlos... Eso sirve solo para titular fugaz de un noticiero “berreta”.
Es un insulto a su inteligencia, su sagacidad, a su obra toda.
No son videntes, ni han acertado un número en la lotería, es gente con gran despliegue y elegancia intelectual, son aquellos realmente preparados y que da gusto oír, leer o lo que sea...
Son aquellas personas que en tiempos donde la opinión de cualquiera es legitimada y masificada a través de los medios y donde la información es descartable y vacía (lo que un día es terrible, al otro ya desapareció), hoy mas que nunca hay que respetar y valorar la profundidad de estos pensadores, valorar su lucidez...
Porque toda lucidez es premonitoria.
Danilo Gatti
http://www.unfrioyrotoaleluya.blogspot.com
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lunes, 21 de junio de 2010
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Toda lucidez es premonitoriaPublicado por Danilo Gatti |
martes, 14 de julio de 2009
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El acto de escribir... o de desnudar el almaPublicado por Rubén Muñoz Martínez 4 comentarios |
Es buen momento para dedicar unas palabras a esto de la escritura:
Siempre he entendido el acto de la escritura como un acto semejante al de desnudar el alma.Nos guste o no, escribir supone hacer entrega de algo íntimo a alguien extraño. Así, las palabras navegan desde el autor hacia el lector a la búsqueda de un encuentro cercano.El escritor escribe impulsado desde una “necesidad interior” de contar cosas, y esta necesidad interior no puede ser refrenada por nada ni por nadie... el que se siente obligado a escribir, tiene que hacerlo. ¿Y qué supone esto? Pues entre muchas otras cosas un acto de sinceridad terrible, en donde el que escribe es capaz de desnudar su alma de una manera natural, ante la presencia de un lector misterioso que se acerca en la lejanía. De esta manera, la presencia y la ausencia se entregan a un precioso juego de espejos, en donde la lejanía entre el escritor y el lector queda fracturada por el vínculo que supone lo escrito. De este modo lo escrito actúa de puente entre ambos, para mostrar un sendero de sugerencias en donde escritor y lector acaban encontrándose inevitablemente.El que escribe se desnuda, desnuda lo más íntimo de su ser, y el que lee auténticamente acoge ese desnudamiento, con la mirada del que sabe respetar lo más íntimo de cada creador.A fin de cuentas, podemos decir que el proceso de la escritura, entendido de una manera auténticamente creadora, supone un acto de sinceridad terrible, en el que el escritor efectúa desde los abismos más soterrados de su alma, la entrega al lector de todo aquello que puede ofrecer... de lo mejor de sí.
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