Al regreso tuve miedo de encontrarme en el camino
o en la casa vieja, o en el prado,
tuve miedo de encontrar mis brazos en la puerta
abiertos, prestos a mi encuentro;
sin embargo, no fui yo quien me abrazo al regreso
y entonces sí, los mismos brazos de la ausencia.
Sigue todo igual, todo en el mismo sitio
el mismo silencio en las montañas
como sí las mismas nubes
como sí las mismas aguas
como sí el mismo tiempo aún estuviera,
pero yo no estaba,
no estaba para proclamar mi ausencia,
no estaba para decirle a todos que no estaba;
de eso me dí cuenta cuando abrí la puerta y pregunté por mí,
nada dijeron, ni una sola palabra a mis oídos.




