EL BESTIARIO DE LA PARED
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I
La catarata se asoma y desciende su pulpa hacia lo que se llama oquedad. La oscuridad le sigue, lo disfruta, y renueva algunos de sus miembros. La catarata es un dragón que gira y gira, y sigue creciendo hasta romper el mural con sus alas tornasol. La catarata no muere, se pudren algunas de sus raíces. La catarata no es un ábaco, solamente tiene plumas que se mueven de palma en palma. La catarata sigue creciendo en el muro y su pulpa llena la oquedad.
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II
La fotografía no es una fotografía. Es una imagen que desenvuelve los gestos de las personas y lo que no son máscaras. La no-fotografía anuncia a los que fueron degollados en el año setenta. Dice que ríen (así los vio) pero al final abrieron los ojos y sus cabezas fueron separadas de la torre de David. Ellos no lloraron. Suspiraron tal vez. La no-fotografía rechaza la idea de que fueron tristes: dice que sonríen como la última vez que vio a esa familia. Lo que no dice es que él fue el asesino de esas caras.
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III
La ventana tiene colmillos gigantes. Estaba volando por la inmensidad cuando me encontró y me quitó la mitad de los intestinos. Es que él es un demonio que le gusta seducir al Sol para que en él se refleje. La ventana deja que entren abejas y pájaros para que caigan en su trampa de ser devorados. La ventana tiene pies y manos invisibles. Cuando oscurece y aparece la catarata, él prefiere tener los ojos al descubierto: no vaya ser que luego la lluvia lo distraiga y no pueda seguir siendo el demonio.
En una tarde un enmascarado entró a la casa y le rompió sus dientes. Ahora ya no puede hablar ni tragar a los demás bisontes.
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IV
El clavo y la raya están enamorados. Cierran sus ojos y besan las pestañas. Saben que se quieren. En noches el clavo desliza sus caminos para que la raya pueda seguirlo. Ellos quieren ser una sola línea, están destinados a convertirse en un solo objeto. Si ellos se encuentran de madrugada juegan a ser cíclopes, a sirenas y flores de la estepa para perderse; si ellos se encuentran en el atardecer, a vals y sinfonía prefieren disfrazarse. Jugaron a ser prosa (no les gusta ser verso). Los dos son huellas de los rayos solares. Muchos les tienen miedo porque cuando se conjugan levantan destellos y roban trapecios. El clavo y la raya son llave y cadena. Son aro y aguja. Son remolino de agua y vela del mar.
El clavo y la raya están destinados a dejar de quererse. Cada quien pintó su raya y se separaron.
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V
El reloj es el monstruo más peligroso. Él sabe dominar dos espadas que van en retroceso de cada una: la primera borra el porvenir, y la segunda escribe una secuela de lo que jamás volverá. La primera deshace y la otra reconstruye. Las manos de ambas danzan la profecía: detener el mundo.
Es quien compuso la danza de la muerte, y nos dejamos ir por él a través del tiempo.
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VI
Les diré quién es el más malo de todos, y les causará miedo. Es una figura que, aunque se mantiene inmóvil, puede observar todo y descubrir el horror interno, jugar contigo a que eran pesadilla y asno (él es pesadilla, y tú el jumental), y derrumbarse en ti. Este monstruo no sale, sino se queda como faro que inquieta todo. Hace que mires sombras escandalosas por medio de su sotana, desemboca y aúlla hasta que te quedes sordo. Ese monstruo ha tenido muchas de sus presas pegadas en él. Algunos dejan sus huellas digitales y en un zumbido hace que caigas.
El zumbido retracta, el zumbido perece, y como ave fénix vuelve a abrir los brazos para conducirte hacia sus estigmas. El zumbido crea pirámides, las tumba y permite que Venus los amamante. El zumbido es, y nada más lo que la criatura tiene como mandoble para atacar.
Este monstruo te acaba de ver, y te seguirá viendo en la eternidad con su salto lúcido, inmortal. Ese monstruo soy yo: la pared, y estoy esperándote a que caigas en mi trampa.
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I
La catarata se asoma y desciende su pulpa hacia lo que se llama oquedad. La oscuridad le sigue, lo disfruta, y renueva algunos de sus miembros. La catarata es un dragón que gira y gira, y sigue creciendo hasta romper el mural con sus alas tornasol. La catarata no muere, se pudren algunas de sus raíces. La catarata no es un ábaco, solamente tiene plumas que se mueven de palma en palma. La catarata sigue creciendo en el muro y su pulpa llena la oquedad.
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II
La fotografía no es una fotografía. Es una imagen que desenvuelve los gestos de las personas y lo que no son máscaras. La no-fotografía anuncia a los que fueron degollados en el año setenta. Dice que ríen (así los vio) pero al final abrieron los ojos y sus cabezas fueron separadas de la torre de David. Ellos no lloraron. Suspiraron tal vez. La no-fotografía rechaza la idea de que fueron tristes: dice que sonríen como la última vez que vio a esa familia. Lo que no dice es que él fue el asesino de esas caras.
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III
La ventana tiene colmillos gigantes. Estaba volando por la inmensidad cuando me encontró y me quitó la mitad de los intestinos. Es que él es un demonio que le gusta seducir al Sol para que en él se refleje. La ventana deja que entren abejas y pájaros para que caigan en su trampa de ser devorados. La ventana tiene pies y manos invisibles. Cuando oscurece y aparece la catarata, él prefiere tener los ojos al descubierto: no vaya ser que luego la lluvia lo distraiga y no pueda seguir siendo el demonio.
En una tarde un enmascarado entró a la casa y le rompió sus dientes. Ahora ya no puede hablar ni tragar a los demás bisontes.
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IV
El clavo y la raya están enamorados. Cierran sus ojos y besan las pestañas. Saben que se quieren. En noches el clavo desliza sus caminos para que la raya pueda seguirlo. Ellos quieren ser una sola línea, están destinados a convertirse en un solo objeto. Si ellos se encuentran de madrugada juegan a ser cíclopes, a sirenas y flores de la estepa para perderse; si ellos se encuentran en el atardecer, a vals y sinfonía prefieren disfrazarse. Jugaron a ser prosa (no les gusta ser verso). Los dos son huellas de los rayos solares. Muchos les tienen miedo porque cuando se conjugan levantan destellos y roban trapecios. El clavo y la raya son llave y cadena. Son aro y aguja. Son remolino de agua y vela del mar.
El clavo y la raya están destinados a dejar de quererse. Cada quien pintó su raya y se separaron.
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V
El reloj es el monstruo más peligroso. Él sabe dominar dos espadas que van en retroceso de cada una: la primera borra el porvenir, y la segunda escribe una secuela de lo que jamás volverá. La primera deshace y la otra reconstruye. Las manos de ambas danzan la profecía: detener el mundo.
Es quien compuso la danza de la muerte, y nos dejamos ir por él a través del tiempo.
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VI
Les diré quién es el más malo de todos, y les causará miedo. Es una figura que, aunque se mantiene inmóvil, puede observar todo y descubrir el horror interno, jugar contigo a que eran pesadilla y asno (él es pesadilla, y tú el jumental), y derrumbarse en ti. Este monstruo no sale, sino se queda como faro que inquieta todo. Hace que mires sombras escandalosas por medio de su sotana, desemboca y aúlla hasta que te quedes sordo. Ese monstruo ha tenido muchas de sus presas pegadas en él. Algunos dejan sus huellas digitales y en un zumbido hace que caigas.
El zumbido retracta, el zumbido perece, y como ave fénix vuelve a abrir los brazos para conducirte hacia sus estigmas. El zumbido crea pirámides, las tumba y permite que Venus los amamante. El zumbido es, y nada más lo que la criatura tiene como mandoble para atacar.
Este monstruo te acaba de ver, y te seguirá viendo en la eternidad con su salto lúcido, inmortal. Ese monstruo soy yo: la pared, y estoy esperándote a que caigas en mi trampa.
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Próximamente estarán publicados en una antología de cuento y poesía. No sé por qué los catalogaron como cuentos... ¿alguien puede defender mi postura de que son prosa poética? :(
Saludos, gracias a todos ^^




