Llegó corriendo y me apuntó con el revólver. La miré y no le dije nada. ¿Por qué no me decís nada?, me preguntó con la voz áspera de sus ojos enrojecidos. ¿Qué podría yo preguntar?, me pregunté y le respondí en silencio. Te voy a matar, me tranquilizó con el nervioso jugueteo de sus dedos sobre el gatillo. ¿Y tanto lío por eso?, le sugerí con un ligero movimiento de hombros. Esta vez es en serio, intentó convencerme sembrando dudas con esa mueca que yo tan bien conocía. Si no lo creyera ni siquiera te hubiese mirado, le respondí dándole la espalda. Te amo, me confesó disparándome a quemarropas. Yo también, le mentí por amor cayéndome al piso sobre un charco de sangre. Ambos sabíamos que los dos teníamos razón.
AAF
(escrito en algún momento de este siglo)




