La tarde caía… yo estaba sola, más sola que de costumbre.
Mi corazón palpitaba al ritmo de una música electrónica (por la euforia, digo), no había música en dónde yo me encontraba; sólo silencio. El más cruel y tenebroso silencio que antecede al caos, a la guerra, a la ansiedad.
No podía liberarme de esa sensación de angustia, tristeza.
Algo no estaba bien, lo sabía. Y mi mente se empecinaba en recordarme lo nerviosa que me sentía. Quería llorar, no podía hacerlo. En horas de trabajo no se permite llorar. Debía esperar a la salida, es decir, a que se hiciera de noche. Con el miedo que le tenía a la oscuridad! Parecía a propósito.
Si al menos atravesases esa puerta. Si pudieras brindarme la calma que mi alma reclama. Tal vez, algún día….
Mi corazón palpitaba al ritmo de una música electrónica (por la euforia, digo), no había música en dónde yo me encontraba; sólo silencio. El más cruel y tenebroso silencio que antecede al caos, a la guerra, a la ansiedad.
No podía liberarme de esa sensación de angustia, tristeza.
Algo no estaba bien, lo sabía. Y mi mente se empecinaba en recordarme lo nerviosa que me sentía. Quería llorar, no podía hacerlo. En horas de trabajo no se permite llorar. Debía esperar a la salida, es decir, a que se hiciera de noche. Con el miedo que le tenía a la oscuridad! Parecía a propósito.
Si al menos atravesases esa puerta. Si pudieras brindarme la calma que mi alma reclama. Tal vez, algún día….




