Casi te atrapé, pero me dejaste con la ansiedad a flor de piel.
Supongo que será otro día u otro lugar, pero esa vez, cuando pase, cuando estes al alcance de mis manos, de mi voz, de mi cuerpo, no podrás alejarte.
¿Qué hombre puede abandonar así a una mujer que arde de deseo, de pasión?
Cada mirada mía es fuego líquido que llega a tu piel. Cada movimiento de mis brazos son cadenas que buscan atormentarte con caricias.
Has dicho que no era tu tiempo.
Es el mío.
En sueños, cuando me acoge el tibio lecho, me tienes y te tengo. En sueños me conoces como a nadie y como a nadie más, te conozco.
Cada pliegue, cada hendidura, cada suspiro de placer que me arrancas, se repite, repercute, te invade a ti.
En sueño nos besamos, nos tocamos. Besas mis pechos enrojecidos de deseo, y calmas el dolor de mis henchidos pezones.
En sueños cobijo tu masculina forma en mi femenino y tibio vientre.
Soy tu Venus, tu Afrodita.
Deja ya de esconderte en excusas.
Ven y métete de verdad en mi sueño.
Silvia Beatriz Giordano
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