Desate el nudo y volví a atarlo, esas zapatillas siempre quedaban mal atadas o iban danzando de la mano del diablo hasta que tropezaba o algún ser amable, alma caritativa, me indicaba "oye, que te vas a caer si no te atas"; cuando esta advertencia te la hace una chica, intentas mirarla a los ojos y no a otras partes, por prominentes que sean o por su absoluta inexistencia, como iba diciendo, intentas mirarla a los ojos sin sonrojarte - no te sonrojes idiota! - darle las gracias y luego intentas imaginar que la ha llevado a decírtelo en vez de seguir enfrascada con su música a todo volumen.
Miro los cordones y me doy cuenta de que están a la miseria, no podría uno discernir su tiempo exacto de uso, porque los cordones no tienen anillos como los arboles, pero diriase que era mucho dado el estado lamentable en que se encontraban, al menos el suficiente para dejar ver las entrañas del cordón derecho de la zapatilla izquierda y para dejar sin cabeza a otros dos, el tercero aguantaba estoico, Dios sabe quien lo protegía del mal.
Desate el nudo y volví a atarlo y seguí mi camino hasta que nuevamente horas después algo me llamo la atención. Esta vez era la mano algo arrugada de un anciano sobre mi hombro, después de la mano note una ligera tos, tos de fumador si me apuran y luego las palabras temidas: "Oye, te vas a caer", luego baje la mirada e inevitablemente la sentencia se había cumplido, el maldito estaba desatado, no pasa un día entero en que no lo tenga que atar dos veces o mas, al menos me sirve como fuga social, siempre puedo dar las gracias con cara de tonto que no sabe atarse los zapatos. Puede que sepa utilizar un ordenador, una maquina mucho mas complicada de entender que los rudimentos del lazo mucho mejor que ese anciano que ahora que me fijo va con bastón y que de todas formas nunca compartiría conmigo dicho problema ya que el utiliza esos zapatos que se calzan y el mismo zapato hace el resto del trabajo, se ajusta al pie y te olvidas de tropezones o cosas similares o de que te miren por el estado deplorable de los condenados cordones.
A veces desato y vuelvo a atar por gusto, por tomarme un descanso y mirar a mi alrededor, por poner el pie encima de un banco y decir "Hoy la calle es mía" o simplemente por asegurarme de que en las siguientes horas no me van a mirar con ojos condescendientes.
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jueves, 13 de noviembre de 2008
Zapatillas ancestrales
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