A Juan y sus secuaces.
La mañana, está dura amigo y
en la tarde por lo visto, más de lo mismo.
Disculpa, si me desahogo contigo,
nadie escucha allí, al borde del abismo.
En el límite de la dignidad... donde vivo,
la vergüenza y el reparo, son desconocidos.
Ahuyentamos los demonios en domingo,
el resto de semana, convivimos.
Cada uno de nosotros, insistimos,
cinco minutos al día, revivimos.
Recordamos entre niebla, lo que fuimos,
remontamos la rabia y proseguimos.
Disculpa, ¿ no tendrás un cigarrillo ?,
es mi desayuno, lo prefiero a un bocadillo.
Siempre es un placer, charlar contigo,
pero antes de marcharte, ¿me invitas a otro vino ?.




