Nunca, dejar de hablar.
En los bancos de la plaza, en las tribunas,
en los cafés, en las escuelas.
Nunca, dejar de hablar.
Por más que el tiempo, las ideas o la fuerza,
amenacen con cortarnos la lengua.
Nunca, dejar de hablar.
De la miseria, el hambre y el olvido.
Del trasfondo de la batalla, del motivo.
De la muerte entre las flores.
De la ira cotidiana y sus colores.
Nunca, dejar de hablar.
De la tierra, la cultura y la libertad.
Del derecho a sentir, de la igualdad.
De la esperanza comprometida.
Del aire limpio, del amor y de la vida.
Nunca, dejar de hablar.
Fotografía, Colita.





