Por error la falta de fe engaña.
El temor a los demonios sustenta
en el desconcierto, a los retoños
de carne y razón que brillan
corriendo hacia los cerros,
y se deslizan por ellos.
Yo subí por caminos de fantasía
y barro; trepé sobre árboles
sagrados, que eran minas de colores,
de pelos, de sangre, de flores,
de espinas y de veneno,
Siempre en busca de frutos
de cáscara fina y llamativa:
las ofrendas de los arroyos
sigilosos, que nos guiaban
hasta la cima de los sueños
de plumas. Hasta la frontera




