Rompo las rejas del pensamiento,
dejándolo escapar junto a este río de invisible tinta,
creando la fuerza de esta corriente desde tus inevitables ganas de
enterrar el día,
tu despedida…
Me ilusiona creer que es verdad,
que seguirás conversaciones de fantasía,
en tu fabrica de sueños,
mientras casi dormida.
Yo hoy moriré entre versos,
los que mis manos quieran,
como un pastor de besos dando de comer a sus fieras.
Utilizo tu frío.
Veras…
Imagino un bosque entre tu mundo y el mío,
como un susurro entre tanto ruido,
navegar en calma cuando el mar bravío.
Existe una guerra,
donde yo vivo.
Los hombres se matan y han minado los caminos.
Nadie duerme por tan incierto destino,
y hasta las conciencias cambian por paz secretos prohibidos.
Se extienden brazos para robar,
si todos somos mendigos!
Aun así el sol se esconde,
Por lo menos una vez al día,
entonces sonrío...
Aprovecho la noche para salir al bosque,
entre tu mundo y el mío,
se encienden hogueras a la orilla del río
y los seres naturales cantan y danzan representando su hechizo.
Sigo el sendero hasta llegar al filo,
me asomo a tu mundo,
te miro.
Observo escondido,
tras los árboles desde donde escribo.
No hay razón más que ninguna,
Al verte me inspiro,
y sigo…
Me descubres y corro,
como un animal herido,
siento vergüenza por las palabras que asesino.
Llega el día, y con él, el deseo.
El de esta noche volver al bosque,
entre tu mundo y el mío,
y sentiré vergüenza,
y caeré al fuego, o al río,
porque saldré corriendo…
Hasta que te encuentre en el bosque,
Entre tu mundo y el mío.




