Sin dejar de darle vueltas a todo
lo que sigue girando a mi alrededor,
me encuentro algo embriagado
paseando sobre el agua
de un día que parecía no terminar.
Con el pensamiento cargado
y su expresividad lejos de mi boca,
no logro reconocer mas allá
de mi propia proyección.
Fuera de ahí todo parece diferente,
irreconocible pero parece
innecesario dar explicaciones,
quizás nadie las necesite.
Después de todo, reconstruyo
a cada paso mis conflictos,
sin cinismo, con firmeza,
en abierto, sin miedos,
aunque a veces cueste.
Ese optimismo implica expectativas,
deseos, esperanzas,intentando asumir
la arrogante convicción
de saber interpretar el jeroglífico
o de elegir el mejor camino.
Cierro los ojos y puedo ver el mundo,
cargado de pantominas,
de almas enjauladas,
de palabras que no dicen nada
y de silencios rotos.
Terremoto de sentidos
que con indulgencia,
tratan de tomarse un segundo,
para demostrar que el tiempo
y la quietud es lo único
que me permite la captura en positivo
de la historia que depende
de mis circunstancias,
sin olvidar que detrás de cada sombra,
existe una superficie,
lo suficientemente brillante
como para provocar esa sombra.
ONUBIUS





