I.
Llevo varias noches sometiéndome
al profundo psicoanálisis; con la misma
meticulosidad que pienso en aquello.
Por mas que miro directo a la ventana
de mis sentimientos no diviso a primeras
una breve explicación sincera.
Recuerdo un día en que la niebla ahogaba
el respirar de los transeúntes; y eso, a mí
me gustaba. Caminaba, como ingrávido, dejando
a mi paso largas líneas nunca jamás reveladas.
Cuentan que un día la vieron: vestida con su
habitual inocencia, sin una cara demacrada
por el malestar del tiempo, las ironías del destino
y las torceduras de pata de la vida.
Yo también fui consciente de aquel milagro
en una difusa y clara mañana, entre espejismos
y nuevas miradas. Continué camuflado, observándote
desde lejos, en la distancia.
Después de encomendarme a mil y una musas
en noches de desvelo eternas como páginas
por rellenar y versos inútiles lanzados al humo
que dibuja un cigarrillo y que consume el tiempo;
como si éste no existiese en sí: el cigarrillo
es el que marca el suceso de los acontecimientos.
Una mañana estaba aquí, lo recuerdo: reflejándose
en lo dorado de sus cabellos. El tiempo avanzaba
demasiado rápido, temiendo pararse alguna vez.
Encontré la conformidad entre sus formas una noche
mientras veía el cielo reflejado en sus ojos.
La constelación perfecta. El infinito se pierde justo ahí:
en la profundidad de la mirada pasiva, sin prisa.
Yo saboreaba cada gesto, cada recuadro de perfecta
fotografía, cada línea de poesía. Los suaves aromas.
Fue el mejor secreto nunca jamás revelado: aquella escena perfecta.
Recuerdo aquella historia, como una película, desde el instante
en que abandoné la sala. Terminó la película de la sesión de madrugada.
Esta mañana parece que he caído de la cama
y con el golpe me he llevado tres de las vidas
que me quedaban. Al despertar he comprobado
que aquel sueño tan real, es ilusión en la retina.
Entonces encuentro que no entiendo
absolutamente nada.
Mortifico mi subconsciente en convulsas
líneas llenas de nostalgia. Entre humos
me acomodo en esta triste velada, consumiendo
el cuerpo que antes flotando estaba.
Entre melodías me pierdo
como en las calles de una ciudad
innombrable, irreconocible
irracional como
este débil testimonio
de todo lo que
podría decir de la parte
de demonio
que tiene
el amor.
Tu no bajarás
de allí nunca;
es una pena
no poder volver
a subir y
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viernes, 24 de septiembre de 2010
Explicación Irracional (I)
verte.
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