Al atardecer Antonio prepara todos los objetos y vicios necesarios, como para sentarse a escribir cómodamente.
Con todo a mano, se sienta y comienza.
Roberto, (el personaje de su cuento) sueña su propia muerte.
Al despertar y haciendo un esfuerzo por desentrañar ese lapso de tiempo que pasa entre que despertamos, y estamos despiertos, siente miedo.
Lo que había soñado, fue tremendo. Podría estar muerto, realmente.
Los dolores de su cuerpo fueron ciertos. Los sintió.
Se había visto doblar esa esquina, y a los pocos pasos, encontrarse con aquel tipo, que le gritó: asesino ! Y comenzó a dispararle.
Le descargó tres balazos, y se fue.
Las quemaduras y el ardor, y el ruido sordo de las balas.
Le había dolido todo el cuerpo al caer al piso, produciendo un sonido a hueco.
La sangre más oscura de lo que pensaba, le había salido por los tres agujeros.
La desesperación primero.
No entender como… y la entrega después.
Esa cosa líquida media viscosa, que era su sangre, brotaba tan despacio, tan mansa, tan tibia…
Antes de la aceptación, había mirado sus manos manchadas.
Había percibido que su pantalón era ahora, de un raro color, de… frambuesa roja.
Entonces Roberto, supo de qué se trataba.
Un sueño premonitorio.
Debía... pensar. Asociar.
El pasaba regularmente por aquel sitio, y también doblaba por aquella esquina.
Sabía perfectamente quien era el tipo que lo mató.
Muchas veces lo había visto sentado tomando café en la vereda del mismo bar. Pese al clima.
Le habían contado que pasaba horas allí. Solo.
Hace un tiempo lo habían asociado a cierto hecho trágico, ocurrido en la zona.
La muerte de alguien, dijeron. Pero el tipo nunca fue a la cárcel.
Lo veía tomando café a menudo y…
Antonio deja de escribir.
La noche esta fría y tiene sueño.
Mañana escribirá el final.
Se despierta con pereza. Hubiera querido seguir durmiendo, pero los hábitos…
Se dirige a tomar el desayuno/merienda en La avenida.
Un lugar especial para abandonarse y jugar.
Le gusta imaginar en qué irán pensando todas esas personas que pasan.
Como serán sus vidas. Con qué soñaran.
Las horas se van rápidamente.
Es un hermoso atardecer, y…es hora de volver a su estudio.
Se levanta como no queriendo hacerlo, y comienza el camino de regreso.
Camina lento.
Al doblar la esquina, se encuentra con un tipo que le grita: asesino ! Y comienza a dispararle.
Escritores anónimos para nosotros mismos, para los que nunca van a saber si lo son, pero escriben ya que las letras son "obreras contra la angustia, amigas de nuestra prisión y el consuelo en los bosques de la desesperación..."(Letras)
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miércoles, 1 de septiembre de 2010
El sueño de Roberto
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