Y... ¿Se hizo la luz?
Ese que me distrae de mis demoníacos paisajes encarcelados,
es el mismo que me invita a desencadenarlos de vez en cuando.
El que me anima a visitar un mundo subjetivo,
la manzana que se me ha prohibido.
Allí, donde legiones (llamadas emociones)
me incitan a errar, pecar, fallar… amar.
El, quien me lleva a explorar
un mundo que elegí obviar,
por mudarme a donde no se me podía dañar mas.
El turista que aceptó
ser el forastero de mis tabúes;
Sin mediocridades de príncipe azul,
Sin perfectos ideales,
Sin equipajes innecesarios
Esos, que tarde o temprano
sin darte cuenta se vuelven pesados.
Sutil enemigo de mis mecanismos,
Enorme aliado de mi alivio.
El turista se convirtió en el séptimo día,
de ese mundo donde solo habían
semanas de seis días.




