Si no quedara piel
para cubrirte,
Si tuviera otro cuerpo
que entregarte,
Si no fuera calor
lo que prendiste,
Si alcanzas a entender
de la locura
que en mi sangre caliente
provocaste.
Si el olor a limones
con que matas
no se me convirtiera
en tentaciones,
la muerte en tus rincones
si desatas
vida en tu porcelana
de cintura.
Si no mirara el brillo de ternura
con el que la cordura
me arrebatas.
Si lograra sentirme en ti
tan muerto
como vivo la vida de tu pecho,
Si viviera en tu carne
como muero en el lecho
tan azúcar, tan sal
de piel salada,
cuando se va la tarde.
Si ya me siento nada
cuando me encuentro cierto,
cansado en el reposo
fabuloso
de tu almohada.
Si subes y me arrojas
al abismo
donde habita tu fuego,
el fuego mismo.
Si yo pudiera ser a cada paso
solo las llamas rojas
del fracaso
en las que a ti me entrego
por si acaso,
los labios con su juego
y el callejón de vida
en donde muero,
sobre esa piel que quiero
y su oleaje,
solo soy lo que espero:
un tatuaje.




