Hoy no quería escribir
porque hay tanta palabra agujereada…
en la fatalidad de empeñar hasta el cuerpo
(única propiedad del humillado).
Hay estafas que son inexplicables,
política inclusora del espanto
gesto falso adherido a este libre comercio
de pensar que todo hombre, hijo de hombre,
tiene un precio.
Me parece que andamos con los huesos licuados
y el rostro maquillado de cemento.
Veredas sorprendidas de prolíficos vientres
cada paso en descenso a la antigua caverna.
Vi a las mujeres-urnas, paridoras de votos
mudas frente a la espera , con sueños demolidos,
recogiendo migajas en redes de agujeros.
Es que aquí un hijo vale ¡festejen compañeros!
aplaudan el discurso, recuerden esta dádiva
y compren baratijas, para ser más iguales:
celular-espejito, “y una carga virtual”.
Hay que tener dispuesto con tiempo el escenario,
sujetar la conciencia, mentir (como en el truco)
y guardarse en la manga una carta marcada
para ganar de mano a cualquier opositor.





