Tengo en los ojos
una lágrima tatuada
-prisma de luz en espejismos-
detrás del arco-iris
hay tormentas
que cuelgan sus relámpagos
de mis brazos en vilo.
Mi cuerpo para-rayos
va re-tramando versos incrustados
en centellas de fuego incandescente.
Una horda de sueños
me persigue los párpados
y relojes obturan los sentidos
duelo crepuscular de los temores
en la boca que muerde los gemidos.
Esa legión de voces que me alcanza
me sacude entre olas y río
piedras en las que llora cadavérica
la última gaviota del olvido.




