Un llanto, no es un lamento que deba ir al mar.
No es el crujir de tu alma
No es el estrellar de las olas
Un llanto, no es el lamento de tu infierno
No es el canto que debas acallar
Un llanto no es sólo el brillar de tus ojos.
El llanto brotaba de las entrañas de tu silencio, retumbaba en la sala aséptica de material. El llanto se desparramaba en aquel lugar de inmaculadas paredes, de espacios vacíos de crucifijos, de coranes de budas y demás.
El llanto brotaba para quedarse.
Un llanto no es un valle de muertos.
No es el cortejo que a todos iguala y a todos espera.
¡Un llanto es el Silencio!
Un llanto es el polvo que acontece y permanece
Es el olvido de tu olvido
¡Un llanto es el tiempo!
Una ola olvidada rugía en el océano, una ola solitaria repetida en infinitas ocasiones y siempre tan distinta. Una ola olvidada rugía en la inmensidad del océano, sólo vista por ti y nunca repetida. Tan igual y distinta…
Un llanto del crujir de tus dientes y de tus ¡huesos!
Ceniza que pasa y recuerda
Una sola mirada de pasada, de soslayo, del viento
Que roza tus mejillas y tus entrañas
¡ Un llanto es el olvido que no olvida!




