-Hola ¿como estás?
-Hola, bien, muy bien creo. Me sorprendió tu visita.
-Sí, estaba en la ciudad y se me dio por pasar a saludarte, ver que era de tu vida.
-La verdad es que no esperaba eso, ya no.
-Hace mucho que quiero saber de vos y no me animaba a pasar, pero esta vez hice coraje y pasé. Me atendió tu mamá, me contó que estabas bien y me fui feliz. En realidad no sabía si esperar que me llamaras.
-Te confieso que me costó mucho decidirme. Desde que mi mamá me contó estás en mi cabeza. yo también tenía ganas de saber de vos, mucho más de lo que te imaginás.
-Que bien. Entre todas las posibilidades, que después de diez años quieras saber de mí era una posibilidad menor.
Escuchame, ¿por qué no nos vemos en algún bar y charlamos?
-Sí...claro, me encantaría.
-Lástima que viajo esta noche, pero en unos días vuelvo y nos ponemos de acuerdo. ¿Te parece?
-Sí, sí, me encantaría.
Después de un largo tiempo de estar muy deprimido, esa posibilidad de reencontrarse con una novia de la adolescencia le alegró el día. El viaje de regreso, que solía ser tedioso fue como deslizarse en una nube de buenos recuerdos, porque la memoria tiende a recordar selectivamente lo bueno o al menos a él le pasaba.
La realidad no es algo concreto sino que depende de cada uno.Dos personas viviendo la misma escena no viven la misma realidad.
Él la conoció cuando tenía 18 años y ella tenía la misma edad.
En un boliche donde eran muy selectivos con quién entraba y quién no. Mientras él estaba con un amigo en la barra tomando, ella bailaba sola con unas amigas.
Pelo largo , ondulado, rubio, ojos celestes impresionantes, muy buen cuerpo, dibujaban a una mujer muy por encima de lo que él esperaba que pudiese lograr.
Seguramente envalentado por lo que fuera que estaba tomando cruzó la pista, la tomó de la mano y le preguntó si podía bailar con ella.
Para su sorpresa dijo que si y bailaron, charlaron y se rieron toda la noche.
Quedaron en encontrarse al otro día, pero vivía ella tan lejos que tenía que tomarse dos colectivos en un viaje de más de una ahora.
En un boliche donde eran muy selectivos con quién entraba y quién no. Mientras él estaba con un amigo en la barra tomando, ella bailaba sola con unas amigas.
Pelo largo , ondulado, rubio, ojos celestes impresionantes, muy buen cuerpo, dibujaban a una mujer muy por encima de lo que él esperaba que pudiese lograr.
Seguramente envalentado por lo que fuera que estaba tomando cruzó la pista, la tomó de la mano y le preguntó si podía bailar con ella.
Para su sorpresa dijo que si y bailaron, charlaron y se rieron toda la noche.
Quedaron en encontrarse al otro día, pero vivía ella tan lejos que tenía que tomarse dos colectivos en un viaje de más de una ahora.
Otra opción era tomarse un colectivo hasta la estación y luego ir en tren. En tren significaba menos tiempo de viaje pero él nunca había viajado en tren. Es más, muy pocas veces había salido de la capital.
Acordaron que el domingo a las cuatro de la tarde, ella lo esperaría en la estación Ballester. Para él era como ir a otro país, pero por esa hermosa mujer estaba dispuesto a ir a cualquier lado.
Durante todo el viaje en el tren se preguntaba si ella estaría esperándolo. En realidad, durante todo el viaje se repetía que ella no iba a estar en esa estación. Estaba seguro que lo de la noche en ese boliche había sido una suerte para él, pero que no podía ser real. Ella seguramente estaría arrepentida de heberle dado lugar y ya se habría olvidado.
Para su sorpresa, cuando el tren paró en la estación Ballester, ella estaba en el andén y a la luz del sol parecía más bella que la noche anterior.
Así fue como se conocieron y salieron por casi un año, pero algo no andaba bien.
Ella estaba muy enamorada y cualquier cosa que él decidiera estaba bien, tanto que a él le aburría estar con ella. Él la quería, pero no estaba enamorado. Los últimos meses se sentía incómodo, porque no quería lastimarla, pero un día decidió decirle la verdad.
Ella lo entendió y no hizo ninguna escena, simplemente dejó bien claro que ella sí estaba enamorada y que si él cambiaba de opinión lo estaría esperando.
El viaje de regreso hasta su casa transcurrió entre una mezcla de alivio y tristeza. Su vida siguió y cada tanto ella lo llamaba para saludar, sin intención de ser molesta, solamente quería saber como estaba.
Después de casi un año ella lo llamó para su cumpleaños, charlaron un buen rato y le propuso que se encontraran para darle un regalo.
Se encontraron en un bar, él la vió más linda que antes, mucho más linda y la charla se dio muy amena, no tan monótona como las últimas que habían tenido.
Ella era el ideal de belleza que él tenía, además ahora tenía auto para evitar esos incómodos viajes y parecía verla más madura, más interesante. A partir de ese día volvieron a ser novios y ella le contó que había pasado todo ese tiempo pensando en él, que no había salido con nadie más y que al volver a tenerlo era enormemente feliz.
Él había tenido algunas relaciones casuales, pero nada serio y le parecía que no podía dejar a esa mujer que estaba tan enamorada de él y además era una belleza.
Pero había algo que no había cambiado y por más que lo charlaba con amigos y amigas, no entendía qué era. Ella lo tenía todo, pero no había química.
Así fue que las cosas se fueron volviendo a enfriar, la misma charla, los mismos resultados.
A partir de ahí él se sentía más culpable que antes porque la apreciaba y quería lo mejor para ella, pero él no se lo podía dar.
La suerte quiso que al poco tiempo él conociera otra chica y fue un flechazo como nunca antes. Tan intenso que a los 6 meses estaba casado.
Una tarde suena el teléfono y era ella.
Acordaron que el domingo a las cuatro de la tarde, ella lo esperaría en la estación Ballester. Para él era como ir a otro país, pero por esa hermosa mujer estaba dispuesto a ir a cualquier lado.
Durante todo el viaje en el tren se preguntaba si ella estaría esperándolo. En realidad, durante todo el viaje se repetía que ella no iba a estar en esa estación. Estaba seguro que lo de la noche en ese boliche había sido una suerte para él, pero que no podía ser real. Ella seguramente estaría arrepentida de heberle dado lugar y ya se habría olvidado.
Para su sorpresa, cuando el tren paró en la estación Ballester, ella estaba en el andén y a la luz del sol parecía más bella que la noche anterior.
Así fue como se conocieron y salieron por casi un año, pero algo no andaba bien.
Ella estaba muy enamorada y cualquier cosa que él decidiera estaba bien, tanto que a él le aburría estar con ella. Él la quería, pero no estaba enamorado. Los últimos meses se sentía incómodo, porque no quería lastimarla, pero un día decidió decirle la verdad.
Ella lo entendió y no hizo ninguna escena, simplemente dejó bien claro que ella sí estaba enamorada y que si él cambiaba de opinión lo estaría esperando.
El viaje de regreso hasta su casa transcurrió entre una mezcla de alivio y tristeza. Su vida siguió y cada tanto ella lo llamaba para saludar, sin intención de ser molesta, solamente quería saber como estaba.
Después de casi un año ella lo llamó para su cumpleaños, charlaron un buen rato y le propuso que se encontraran para darle un regalo.
Se encontraron en un bar, él la vió más linda que antes, mucho más linda y la charla se dio muy amena, no tan monótona como las últimas que habían tenido.
Ella era el ideal de belleza que él tenía, además ahora tenía auto para evitar esos incómodos viajes y parecía verla más madura, más interesante. A partir de ese día volvieron a ser novios y ella le contó que había pasado todo ese tiempo pensando en él, que no había salido con nadie más y que al volver a tenerlo era enormemente feliz.
Él había tenido algunas relaciones casuales, pero nada serio y le parecía que no podía dejar a esa mujer que estaba tan enamorada de él y además era una belleza.
Pero había algo que no había cambiado y por más que lo charlaba con amigos y amigas, no entendía qué era. Ella lo tenía todo, pero no había química.
Así fue que las cosas se fueron volviendo a enfriar, la misma charla, los mismos resultados.
A partir de ahí él se sentía más culpable que antes porque la apreciaba y quería lo mejor para ella, pero él no se lo podía dar.
La suerte quiso que al poco tiempo él conociera otra chica y fue un flechazo como nunca antes. Tan intenso que a los 6 meses estaba casado.
Una tarde suena el teléfono y era ella.
Continuará.




