...... Allí está, el demonio. Caótico bicho, te anuncio. Pasarás con tu serpentino movimiento por esos senderos que tal vez alguien pasó en unos cuantos siglos. Seguirás dejando huella en el monte, archipiélagos y orquídeas recién esculpidas en sal de mar. Y no estás aquí.
...... Sin lamentarlo, el recuerdo zumba como abejas que impiden el paso de nuevas ondas sonoras filtradas en los labios. Se desvestía al último, y dejaba que mis pies fueran besados por su bestialidad. La bestialidad iniciaba con la mirada, envolvente, acosador, y dejaba que los demás monstruos entraran en la habitación, y sin embargo, nadie hacía daño. Invisible, besar invisiblemente. Su espalda fría, manos frías, dedos fríos, todos los pasos que hacía con su eslabón eran así. Vístete demonio, acabó el tiempo.
...... Y lo veía arrodillado, ¿por qué aparentas algo más fuerte, debilucho? Sigues vistiéndote porque las mujeres te buscan para algo que yo no te pedí, y te ofreciste enseñarme. Las mujeres son iguales, no hay una fortuna o un vals en sus nudillos. ¿Solamente sirves para eso? Síguete vistiéndote, que de todos modos frente a mí dejaste seducirte.
...... Padeces problemas en las orejas. Escuchas música mientras una cortesana intenta conocerte. Y no has vuelto a salir con ellas como normalmente lograbas. Dijiste que arrebataron tu corazón, y diste la queja como si fuese lisonjera de una loa que tal vez no podremos componer.
...... Caótico, perdido, pulpa quejumbrosa, si intentas hacerme el amor, es cuando te llamo, y ninguno de los dos podemos hacerlo: estamos censurados, petrificados, nos pesa no ser nosotros, y evadimos con poemas. Ambos sabemos que no sustituirán el pasaje de las redondillas y decimales que compusimos sin tomarlos en cuenta para textualizarlos.
...... Inclínate, nada te haré, y ¡vaya que cogimos tantos frutos por tu culpa! Las arenillas llenaron los huecos que ambos conocemos. Y por más que te miro, dices que eres el demonio de la sombra. Sacaste esos dragones para que entraran en una cueva que acabas por descubrir, y sin embargo, por más que te sentiste dichoso, hubo algo: un fósforo portugués o ruso que no te convenció. Dejaste que te conociera hasta que perdieras el dominio urbano, tirano de los caracteres oscuros, inherentes, baldíos, abismos tornasolados de gama púrpura, como conocí el eslabón que tanto descuidaste en el tiempo que llevas siendo un dionisiaco desconocido. Con una pluma recorriste cada pasadizo que inventé para ti (recuerda, era la luciérnaga que nadie pudo concretar, y al ser el primero, pudiste ver un destello, descendido levemente hasta que las marejadas pasearan por los recovecos y regazos que alguna vez deleitaste).
...... Lástima hemos producido en ambos. Porque no se nos dio la ternura, ni la dulzura. Únicamente flameantes caminos que como zigzags nos dejamos fluir hasta que nos hartamos del Febo.
...... Caótico, seguimos mirándonos frente a frente, vivimos de la literatura y astronomía. ¿Por qué no volver y dejar que esos arrebatos celestiales nos envuelvan? Nos observamos. Concluye la sesión seminal, y cada quien por su lado dejamos que las cosas se fluyan en la nada.
...... Sin lamentarlo, el recuerdo zumba como abejas que impiden el paso de nuevas ondas sonoras filtradas en los labios. Se desvestía al último, y dejaba que mis pies fueran besados por su bestialidad. La bestialidad iniciaba con la mirada, envolvente, acosador, y dejaba que los demás monstruos entraran en la habitación, y sin embargo, nadie hacía daño. Invisible, besar invisiblemente. Su espalda fría, manos frías, dedos fríos, todos los pasos que hacía con su eslabón eran así. Vístete demonio, acabó el tiempo.
...... Y lo veía arrodillado, ¿por qué aparentas algo más fuerte, debilucho? Sigues vistiéndote porque las mujeres te buscan para algo que yo no te pedí, y te ofreciste enseñarme. Las mujeres son iguales, no hay una fortuna o un vals en sus nudillos. ¿Solamente sirves para eso? Síguete vistiéndote, que de todos modos frente a mí dejaste seducirte.
...... Padeces problemas en las orejas. Escuchas música mientras una cortesana intenta conocerte. Y no has vuelto a salir con ellas como normalmente lograbas. Dijiste que arrebataron tu corazón, y diste la queja como si fuese lisonjera de una loa que tal vez no podremos componer.
...... Caótico, perdido, pulpa quejumbrosa, si intentas hacerme el amor, es cuando te llamo, y ninguno de los dos podemos hacerlo: estamos censurados, petrificados, nos pesa no ser nosotros, y evadimos con poemas. Ambos sabemos que no sustituirán el pasaje de las redondillas y decimales que compusimos sin tomarlos en cuenta para textualizarlos.
...... Inclínate, nada te haré, y ¡vaya que cogimos tantos frutos por tu culpa! Las arenillas llenaron los huecos que ambos conocemos. Y por más que te miro, dices que eres el demonio de la sombra. Sacaste esos dragones para que entraran en una cueva que acabas por descubrir, y sin embargo, por más que te sentiste dichoso, hubo algo: un fósforo portugués o ruso que no te convenció. Dejaste que te conociera hasta que perdieras el dominio urbano, tirano de los caracteres oscuros, inherentes, baldíos, abismos tornasolados de gama púrpura, como conocí el eslabón que tanto descuidaste en el tiempo que llevas siendo un dionisiaco desconocido. Con una pluma recorriste cada pasadizo que inventé para ti (recuerda, era la luciérnaga que nadie pudo concretar, y al ser el primero, pudiste ver un destello, descendido levemente hasta que las marejadas pasearan por los recovecos y regazos que alguna vez deleitaste).
...... Lástima hemos producido en ambos. Porque no se nos dio la ternura, ni la dulzura. Únicamente flameantes caminos que como zigzags nos dejamos fluir hasta que nos hartamos del Febo.
...... Caótico, seguimos mirándonos frente a frente, vivimos de la literatura y astronomía. ¿Por qué no volver y dejar que esos arrebatos celestiales nos envuelvan? Nos observamos. Concluye la sesión seminal, y cada quien por su lado dejamos que las cosas se fluyan en la nada.





