Transportando la sangre que fluye por aquellos sueños que inevitablemente juran y perjuran convertirse en realidad, haciéndose inmortal en los sentidos, acurrucando hasta el ultimo deseo que percibimos el descubrimiento o la intuición entre las brumas de nuestros delirios ocasionales. Terminara el llanto por lo no conseguido, renacerá sin duda el nuevo paso tras otro para evitar la desolación de quedarse tumbado viendo las nubes pasar, por esta vida terrenal que muere minuto a minuto. Confesar las incongruencias seria sodomizar nuestras alturas, pero mejor vivir a ras del mismo suelo, que revolotear sin ton ni son por el vaivén de quien nos quiera llevar. Seducir la mirada en el horizonte, revelarse a la vista cansada, enumerar las posibilidades, es declararse consecuente con la delgada linea en donde guardar nuestro equilibrio, alzar los brazos e intentarlo, es una buena opción.
Canto de esperanza en un domingo cualquiera...




