Es tu espera para mí
una terrible condena
esclavizando a mi alma
a amarte en silencio
sintiéndo cual hiriente es
esa punzada de tu cruel desprecio.
Es mi dolor
como las ascuas,
que toda la felicidad
de mi cuerpo abrasan;
es el dolor
restos del fuego,
de tu aterciopelada venganza.
Dejaste mis labios secos
rotos tras tus besos,
dejaste en el olvidados
aquellos fríos recuerdos.
Para que cada noche
me recuerden apuñalando,
cual falsos fueron esos besos
cual desgracia me está atormentando.
Y más no puedo,
lanzar a fuera tu amor,
y tendré que esperar
que se lo lleve el tiempo.
Es tu espera para mí
una terrible condena,
sabiendo que ahora me quieres
y que a mí todavía
eso me alegra.
Que querría olvidarlo todo
y pensar que eres buena,
pero en lo más hondo
sé, que tus caricias
están vacías
y solo aumentarían
el dolor de mi alma en pena.




