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martes, 6 de octubre de 2009

capitulo 1 y 2: Los que esperan, sus cenizas de amor, sus restos de libertad y sus luces de soledad

1.

Al sur del continente, en el centro del país, cercado por verdes montañas donde duendes, diablos y personas buscadoras de sueños dormían. Allí donde el mar nacía, donde las olas eran criadas para luego vagar por el mundo entero. Se ubicaba Mirasierras, una ciudad sin comienzo, sin final. Sus fronteras no eran claras, nadie sabia donde estaba realmente. Las luces de la soledad acompañaban a sus habitantes. Todos se desencontraban, entre veredas sin nombre y pasajes sin sueños. Al final de las avenidas, en ese espacio donde la ciudad moría, donde el mar comenzaba, se encontraba la zona portuaria. En ese barrio la única autoridad eran los barcos. Donde los marineros mataban sus almas, donde los ladrones asesinaban sin preguntar, donde las prostitutas ofrecían amores miserables, donde el sol no se atrevía a salir. Pero entre tanta locura o libertad, una pequeña comisaría surgía. Eran cuatro paredes sin pintura. En una oficina diminuta polvorienta, un policía mugroso tomaba la declaración del turista. – ¿Su nombre es?- perfecto ya tome sus datos personales. Ahora el interrogatorio. Descríbame los hechos- Explicaba el oficial. – Yo descendía en el tranvía, deseaba dirigirme hacia al barrio colonial, pero no se muy bien como, llegue a este oscuro lugar.- El turista, bebió un vaso de agua, respiró por su diminuta nariz, luego continuo- llegue a una galería comercial abandonada, creía que iba encontrar un mapa, un taxi algo en el complejo pero todo estaba vació.- acomodó sus anteojos miopes y continuo.- Alguien se cruzó frente a mi, le grité desesperadamente: Señor ¿ Como hago para llegar al barrio colonial? Pero no me respondía. Decidí perseguirlo, aunque el corría mas rápido. Sentí un grito en mi espalda.- Volvió a acomodar sus incómodos lentes, siguió explicando- Quieto o disparo, relataba la voz detrás de mí. Una columna se presentó frente a mis ojos, me escondí detrás de ella, el sujeto de atrás seguía gritando, Quieto o disparo. La persona que yo perseguía no se detenía. Bang, Bang, Bang, sentí mientras intentaba esconder mi cuerpo.- El turista tembló, pidió mas agua, continuó- El hombre del arma me buscó por unas horas pero al no encontrarme, observó al cadáver, le tomó una fotografía y se alejó del lugar. A la media hora llegaron sus oficiales y me encontraron llorando detrás de la columna.- No se preocupe el muerto era un asesino terrorista que fue justamente detenido por personal nuestro-. Explicó el oficial. ¿Como se llamaba? Quiso saber el turista. Mario llosa ¿porque le interesa saber, si ya no es una persona? Ahora solo es un enemigo menos del nuevo estado. Argumentó el oficial con violencia propia de quien lleva un uniforme de policía. Eliminan un asesino ¿asesinándolo? Muy civilizados, pensó el turista luego, preguntó durante cuarenta minutos como llegar al barrio colonial pero ningún hombre de uniforme azul le respondió.
Al alejarse de la comisaría, el turista, se sintió usado por las fuerzas oficiales. Sus pasos desearon acercarse al mar pero terminaron en un pequeño bar lleno de toldos, alcohol, marineros, música tropical y mujeres baratas. Se sentó en una mesa redonda pidió una cerveza y un poco de maní. Al levantar la mirada encontró a un conocido entre tantos anónimos- Ey Pablo!!- gritó desesperadamente el turista- Ehey hermano como va- saludó de manera enérgica Pablo. Se sentó al lado del turista, recibió la cerveza, masticó un poco de maní, sirvió la helada bebida y luego le preguntó: Estas muy pálido viejo, ¿Que te pasó?- acabo de ver como un policía asesina a un hombre. Me usaron en su juego, me utilizaron de testigo para justificar una masacre miserable. ¿Me entendes? Siento que mi integridad moral fue violada por unos asesinos con placa.- El turista no pudo continuar, bebió un vaso de cerveza y quiso escuchar alguna palabra de Pablo. Su amigo comprendió el silencio desesperado del turista e intentó preguntar algo, pero no fue la pregunta correcta: ¿Como se llamaba?- Mario llosa- respondió el turista con los labios llenos de pena. ¿Y que haces por aca? Volvió a preguntar Pablo, luego siguió bebiendo una cerveza no tan fría como al comienzo. Iba al barrio colonial, al hogar de Julio y no se muy bien como llegue a este lugar olvidado por el mundo. ¿Vos venís?- . Ah cierto que hoy es el primer viernes que se juntan, me había olvidado.- y. ¿Venís?- volvió a interrogar el turista sumamente inquieto, sus lentes miopes se escapaban de su nariz.- No, me voy al mar viejo, voy a ver si encuentro algo en esta vida tan vacía, ya no se lo que es la libertad, el amor se convirtió en una ilusión, y las luces de la soledad me enceguecen. Estoy tan cansado de vivir mentiras.- Pablo descansó su garganta, aspiró el aire del lugar, olía a humedad, nauseas, vomito, cerveza caliente, cigarros viejos, sal, agua, mar. Sintió la última gota de aire sucio y continuó- hagamos una cosa hermano, Vos me acompañas hasta el muelle, me saludas y yo te doy el dinero para irte en taxi hasta lo de Julio- . El turista intento recuperarse, volver a ser aquel hombre que observaba el mundo con ojos nuevos, pero no pudo. Simplemente se limitó a regalarle una sonrisa falsa a su amigo y luego respondió- Dale es un buen plan- . Caminaron por el mar durante cuarenta cinco minutos, entraron en un club naviero abandonado, se acercaron al puerto numero cinco. Pablo preparo el pequeño velero, le dio unos billetes sucios al turista, lo abrazó y se perdió en el sabio mar. El turista recibió el dinero, se dejó abrazar por su amigo, levantó su mano izquierda y realizo un saludo repetitivo mientras el velero se confundía con en el mar. Se acercó a la avenida principal, un pequeño escarabajo amarillo se detuvo. -¿A donde vamos jefe?- preguntó el taxista observándolo por el espejo retrovisor- Al barrio colonial- respondió el turista acomodando sus lentes movedizos.
El escarabajo se alejó del mar, se perdió en la zona banquera, durante la noche ese lugar era un cementerio de edificios cerrados. El taxi entró en una pequeña calle de piedras y de manera accidental, sin saber muy bien porque llegó al barrio colonial. El lugar estaba rodeado de antiguas casonas de la conquista, infinitos faroles negros, antiguas calles de piedra y pequeños jardines llenos de rosas y perfume amargo. -Ya llegamos jefe son 35 dorados.- explico el tachero limpiando su nariz. El turista le entregó el dinero justo, luego se acercó a la casa de Julio. Era una propiedad blanca con gigantescos ventanales color tiempo, una vereda de ladrillo, una puerta alta como un cerro color marrón y tres faroles verdes, pequeñas margaritas nacían desde las paredes. Tocó el timbre tres veces, lo atendió un hombre con barba blanca y ojos sabios, -compadre, ¿como va che?- bien, disculpa la tardanza pero me perdí.- respondió el turista con el rostro pálido. – no hay problema.¿Te pasó algo compadre?, veo en tu rostro una tristeza profunda- preguntó el viejo con una sabia curiosidad. Es que acabo de ver como un oficial asesinaba a una persona. Me hicieron testificar, me usaron es sus mugrosas manipulaciones de poder. Lo peor, es que una persona fue asesinada quema ropa. Respondió el turista acomodando sus ojos miopes luego, peinó su pelo duro. Ah entiendo, ¿Sabés como se llamaba?- Mario Llosa- comentó acomodando sus inquietos anteojos. La extensa, canosa, barba del viejo se llenó de agua que escurría de sus ojos como pequeñas cascadas que nunca acababan. Mario llosa era su amigo, con el se escaparon del complejo penitenciario, con el destrozaron estructuras imposibles. El turista supo esto al observar las constantes lágrimas del viejo.- Ya no queda nadie compadre, la resistencia se acabo, el hijo de mil puta del general bananero se va a quedar eternamente en el poder ¿entendes? Encima ahora se va a legitimar con esta falsa elección. La puta madre, carajo, como duele.- ¿Y ahora que hacemos?- Preguntó el turista con una curiosidad cansada.- Vivimos, amamos y matamos al monstruo olvidándolo y volviendo a creer en nosotros- respondió el viejo, secó sus ojos mojados con su gigantesca mano izquierda y le dijo- Entra pero no comentes con nadie lo que pasó- El turista se acercaba al living, era un lugar pequeño calido con paredes de ladrillo visto, suaves luces amarillas iluminaban la habitación. Una foto de una mulata con labios gigantes cantando tristes penas de jazz se observaba en un rincón, una imagen de un triste negro con traje, con una guitarra y un cigarro en su boca se encontraba en una muralla iluminada, un dibujo de un mestizo con sombrero y un saxofón en sus labios se descubría al lado de la ventana. Al fondo al final del salón en una mesa pequeña colgaba un majestuoso saxofón dorado. El viejo se volvió a proteger en los jóvenes brazos de Brisa, ella descansaba sobre un sillón amarillo. Un perfume sabor basura se desprendía de Marco, descansaba sobre una silla mecedora bebiendo una cerveza. Sobre la alfombra se recostaban Ámbar que masticaba rosas intentando olvidar y Luz que observaba el cielo raso. Julio jugaba un concentrado ajedrez con Romeo, pero este último solo prestaba atención con sus tristes ojos a Luz. Hola- gritó el turista al grupo, nadie le respondió, todos estaban perdidos en sus meditaciones metafísicas. Al rato Julio explicó: perfecto estamos todos- luego fue a buscar vino a la cocina.
Las copas se llenaron,- ¿Que hacemos? Preguntó Ámbar masticando el último pétalo de flor. –Expresémonos, hablemos, odiemos pero sobre todo amemos- gritó el viejo. – El amor ¿que es eso? Duele tanto esa mierda que es mejor no tenerlo- comentó Romeo con los labios llenos de rencor. Una canción triste sonaba en una pequeña radio, el olor a vino tinto se mezclaba con la fragancia seca de un viento invisible. Era el primer viernes que se juntaban. Luz pensó en todo eso, observó el húmedo pero dulce cielo raso y dijo- El amor tal vez solo sea una imagen falsa de alguien, tal vez sea un concepto egoísta donde no se muestran verdades humanas. Solo se encuentran mentiras de poetas oportunos.- Romeo se sintió incomodo frente a tal indiferencia. Trago saliva y sin pensarlo expulsó una verdad cruda que nadie esperaba – Yo te amo Luz- solo se escuchó la voz triste de una canción olvidada en la radio. Todos bebieron de su copa el vino tinto con cierta sincronía incomoda, solo el glup de la saliva, el clic de la copa se sintieron en la sala.
Marco rascó sus ojos, olió sus axilas, bebió su copa de vino hasta el fondo, la volvió a llenar y destruyó la incomodidad diciendo- Tal vez el amor sea un concepto occidental cristiano donde sobresale la idea de propiedad- Estoy de acuerdo- Afirmó Julio. – Eso es solo una perspectiva del amor. Es mas es una mirada egoísta y conservadora- Aseguró el turista, acomodó sus lentes movedizos, bebió un pequeño trago de vino y continuó- Creemos que solo se ama a una persona, nos olvidamos de que puede existir un amor espiritual y un amor físico. Deberíamos recordar que la vida es demasiado larga para amar una sola vez. – Eso es cierto, si deseamos la libertad debemos olvidar el amor, porque el amor sacrifica nuestras decisiones- pensó en voz alta Julio mientras encendía las velas del living
El libertario melancólico, es el hombre del faro, es el viejo, escuchó todas estas ideas, besó el cuello de Brisa, acarició la pierna de ella y luego afirmó con cierta seguridad de conceptos universales – Tal vez señores buscan conceptos filosóficos, empíricos, materiales, formales del amor porque le temen al amor. Señores no intentemos definir al amor porque el día que lo definimos lo matamos-. -Eso es tan cierto- dijo Ámbar con los ojos llenos de fe, luego masticó una rosa sabor limón. La mirada de Romeo solo eran dos lagunas oscuras, las luces se bajaron, las velas brillaron, la radio se apago- Ya es para que sirve.- Gritó el viejo exaltado, bebió un poco de aire y continuó- Esperen antes de bailar debemos sacar la morla. Para saber donde nos reunimos el próximo viernes- dijo el hombre del faro con su serena voz. De su bolsillo derecho extrajo un pequeño objeto lleno de colores y sin forma, lo lanzó al aire, el cuarto se lleno de colores, flotó en el medio del grupo. La morla besó a Brisa, acarició a Ámbar, observó a Luz, olió a Marco, bailó con Julio, Pensó con el viejo, jugueteó con los anteojos de el turista, se detuvo en Romeo, volvió al centro del lugar, explotó formando infinitos arco iris y finalmente escribió sobre la alfombra el nombre de Romeo. Luego, volvió al bolsillo del viejo.- Listo, el próximo viernes nos reunimos en lo de Romeo. – ¿Que es eso?- preguntaron todos con cierto estupor.- Nada es una historia larga no vale la pena contarla, ahora iniciemos el baile- argumentó, medio divertido, medio triste, el libertario melancólico.
Julio tomó su saxofón dorado. El instrumento emitió notas misteriosas, canciones mágicas. El cuerpo de Brisa se pegaba al viejo. Ella no era una mujer muy habladora, todo lo expresaba con sus caricias, sus miradas cómplices, sus lágrimas silenciosas. El turista se acercó a Ámbar la saludó de vuelta, ella masticaba una margarita sabor frutilla, Marco se les unió; conversaron sobre las posibilidades del azar en una vida segura. Los tres se justificaron, se entendieron, bebieron otra botella de vino pero detrás de tanta sabiduría innecesaria, existía una competencia secreta entre el turista y Marco. Ámbar lo sabia, lo disfrutaba.
La posibilidad de un porque, de un para que seguir soñando, luchando y viviendo en un mundo automático, ese viernes desapareció por la música, por el encuentro, por el olor a flores nuevas. En la fresca noche de primavera las estrellas y la luna bailaban al ritmo de una dulce canción de jazz donde solo existía el amor tocado por los incansables pulmones de Julio. Las velas se apagaban de manera invisible, una luz naranja se dibujaba en el living sin pedir permiso. Romeo intentó acercarse a Luz, ella lo evitaba con excusas inexplicables.
El vino se acababa por segunda vez, el saxofón no se cansaba e invocaba a los espíritus de la casa. Marco intentó acercar a su cintura a Ámbar, el turista intentó acariciarle el pelo. Los dos se cansaron y siguieron bebiendo. Ella se reía divertida, masticó la flor secreta de la lujuria y sintió un calor insoportable en su cuerpo. Luz seguía escapando de los brazos de Romeo. El hombre se quedó solo frente a un vaso de vino, frente a una hielera y bebió en silencio con el alma cansada. El viejo y Brisa bailaban alrededor de un círculo hermoso y poético. Danzaban en pequeño planeta donde no existían tensiones, donde los peros no estaban permitidos.
La mulata de la foto movió sus labios, extendió sus brazos, luego cruzó sus piernas, se recostó sobre el sillón amarillo y cantó una canción en honor a la libertad. El cigarrillo del negro se encendió, sus manos se sacudieron y expresaron notas mística en esa pequeña guitarra dibujada, sin preguntar, sin avisar, alejó su cuerpo del retrato, se sentó con los pies cruzados en la alfombra y siguió tocando. El mulato con sombrero se acercó al negro se recostó a su lado y encendió su saxofón sin fuego con canciones donde su trasparente alma se escuchaba. Julio se alegró de ver y comprender la esencia de sus cuadros, bebió una copa de vino y bailó con Luz. Ámbar desnudó su dorso y danzó al ritmo de la pasión. El turista y Marco no lo notaron, dormían sobre un rincón del cuarto. Brisa y el libertario melancólico intercambiaron besos llenos de vida, llenos de utopías posibles Romeo pensaba en los desencuentros contantes de una vida sin camino. Era el momento más oscuro de la noche, el seco viento calido rodeaba el barrio colonial.
Los músicos desaparecieron, la gris realidad de una vida sin sorpresas quiso aparecer pero ellos resistieron. Luz y Julio bebieron café hasta el amanecer, el turista y Marco siguieron durmiendo nadie los detuvo, nadie los demoró. El libertario melancólico y Brisa caminaron por la playa, llegaron al faro, se observaron, se acariciaron, se descubrieron y desnudaron en el silencio de un amor posible. Mariposas negras volaron alrededor de ellos mientras se amaban. Era la primera vez que se encontraban en una cama. Era un amor puro sin mentiras, sin promesas solo eso, algo tan simple y complicado como un amor en su estado natural
Ámbar caminaba con su dorso desnudo abrazada a Romeo. Deambularon y se perdieron en la ciudad durante horas. Llegaron a un verde y húmedo edificio perfumado con jazmines, Ámbar reía, Romeo lloraba en silencio, sus penas se atragantaban en su pequeña garganta. Ella le robó un beso, él le regaló una caricia. Se perdieron entre sabanas ajenas, besos extraños, colchones con huellas de dolor, soledades compartidas. La noche amaba, brillaba al lado de ellos. – No llores más bonito que me excitas mas – gritó Ámbar muerta de risa. Ella gemía llena de locura, llena de fuerza, Romeo ya no lloraba, fingía llorar, aunque su tristeza crecía como una plaga invisible en su cuerpo.
El turista y Marco no se despertaron, Luz y Julio conversaban en compañía del insomnio. El viejo dormía un sueño perfecto donde solo existía la paz, Ámbar descansaba en una cama pero el falso olvido rodeaba su cabeza de pesadillas. Brisa pasaba la noche en vela observando el mar desde el balcón, solo dormía bajo la lluvia; un año sin agua llenó sus ojos de sueños ansiosos por escapar, pero el agua, el agua no aparecía. Romeo pensó durante cuarenta y cinco minutos, acaricio el hombro de Ámbar, besó su nariz, bebió un vaso whisky y se alejó del edificio perfumado con jazmines.


































2.

¿Y si esto es mi vida? ¿Si solo consumo infiernos para olvidarte? ¿Si no te encuentro en ningún lado? ¿Si estamos separados por un río de silencio? ¿Si el puente que construimos ya no existe, si lo destruimos sin darnos cuenta? ¿Si esta distancia que existe entre tu boca y la mía nunca desaparece? ¿Si tus infinitos ojos misteriosos ya no explican nada, si solo muestran un muro gris? Si todo esto es verdadero, ¿adonde voy?
¿Si tus porque son meros peros, si nuestro puto destino no es mas que un desencuentro? ¿Si mis cabellos desaparecen junto al deseo de entenderte? ¿Si la vida no es mas que un error, un acto accidental? ¿Si el sol es algo inútil? porque somos dos ciegos buscándonos en planetas diferentes. ¿Si una carta no sirve, si un poema no muestra nada, si una palabra no explica mi ser? ¿Tiene sentido la vida?
¿Serán tres meses de incansables lamentos y después te olvidaré? ¿Será un año ingrato donde intentaré destruir tu imagen? Esa que alguna vez creí verdadera. ¿Será tu ausencia un pozo negro sin escaleras en mi alma? ¿En lo que me queda de vida, intentaré aceptar esta realidad? Tal vez no la acepte porque nunca acepte esta realidad, este mundo. Tal vez porque el agua y el fuego son dos caminos distintos. Tal vez la única respuesta sea aceptar que no hay respuestas.
Somos estatuas de arena desvaneciéndome por el viento de la vida. Todo se mueve, todo gira pero yo no te olvido, Estoy en un camino cruzado entre no encontrarte y desencontrarte ¿Es esto mi tiempo, un pero, un porque, un basta?
Mis dientes llenos de saliva desean tu lengua, mis manos llenas de pena solo necesitan el perfume de tu piel en un amanecer de enero.
Acá estoy, buscando una respuesta en un castillo sin luz, en una noche sin luna. ¿Cómo creer en algo si ya no creo ni en mí, ni en vos, ni en la vida? ¿Como buscar algo que no existe, algo imposible? ¿Para que entregarte mi vida? Si no queres aceptarla. ¿Para que seguir fingiendo? si ya no hay mentiras, si todos nuestros errores, nuestros miedos se convirtieron en verdaderos ¿Para que emprender un nuevo viaje? Si voy a llegar a ningún lado otra vez.
No entiendo porque dios llena mis ojos de lluvia, no comprendo porque dios me hace amar una idea falsa, porque crea una mirada imposible entre vos y yo. Algunos dicen que es un camino, otros un destino a mi no me importa. Lo verdadero en este mundo sos vos, son tus caricias, tus miradas, tu tristeza, tu miedo, tu fe, tu respuesta pero ahora no estas. Solos no somos nada, solo somos un capricho de la naturaleza. Estamos desnudos frente a un mundo oscuro, confuso y violento.
Un océano de miedo, millones de calles, una puerta, una escalera, un pasillo, una cerradura, una cama, una sabana, nos separa. Vos estas del otro lado de la ventana, al final de la avenida, donde la ciudad vuelve a nacer, habrás terminado el café con Julio, lo habrás saludado a él, al turista, a Marco. Deambulaste por la ciudad y terminaste en los brazos de él, del primero. Yo soy el otro la sombra de un mero escape pero pienso en voz como la única, la verdadera. Duermo y pienso en vos, sueño y te encuentro a vos, vivo y te lloro a vos- pensó Romeo durante cuarenta y cinco minutos, acaricio el hombro de Ámbar, besó su nariz, bebió un vaso whisky y se alejó del edificio perfumado con jazmines.
Sus pies se confundieron en una ciudad con faroles apagados, sin saber muy bien porque llego al mar. No encontró nada solo agua, sal, piedras animales tristes. Se recostó sobre un colchón de arena y recordó como el agua, el mar, la oscuridad que lo rodeaban eran infinitas como su tristeza, su soledad. Se levantó, encendió un viejo cigarro y observó el faro.
El libertario melancólico se levantó, se acercó a Brisa, abrazó su cintura sabor viento, lloró un momento. Ella no dijo nada, ella sabia que no necesitaba decir nada. Él beso los labios de ella, observó el mar. Encontró en la oscura arena un viejo cigarro, un hombre fumando lleno de penas, lo miró por un instante, acaricio el cabello de Brisa y sin saber muy bien porque pensó en su amigo muerto Mario.

 
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