TORERO ANDALUZ
Acaeció en el lugar
de aquella Andalucía profunda,
donde la muerte es el amar
y la vida un carnaval;
donde todas las gentes conocen
lo que cuentan las ancianas más viejas.
Era el cielo
más oscuro que la mar,
cuando recogiendo los paños del río
el torero la sorprende,
la besa y la mima
y con cariño le dice,
que por su vida ha de rezar,
que mañana con la más feroz bestia
ha de luchar.
Ella entre lágrimas le replica,
se le cortan las palabras,
pero él la interrumpe y se despide sin más.
Llora, llora ahora ella sola,
otros por su muerte llorarán,
que no hay lágrimas
que no vayan a dar a la mar.
Se levantó muy temprano,
cuando el sol en su ventana
comenzó a dar.
Acercose a la tremenda bestia
allá en el ruedo,
y entre lacerados suspiros
y miradas vacías,
le dijo no más:
"¡Ay toro noble
ten compasión!,
que entre esos trajes
que viste bordados
me arrebató y lleva mi corazón"
El diablo levantó la cabeza,
miro con desgana y aliento de ron
y esbozó su sonrisa negra
que hiela la razón.
¡Ay niña bonita,
ay niña morena!
con labios carnosos
y pelo canela.
¡Ay niña bonita,
ay niña morena!
con la piel tersa
y ojos de luna llena.
Al salir al ruedo
capote en la arena,
toro bravo,
torero de sangre roja en las venas.
Un "olé" y otro
se iban deshaciendo,
cuando el asta de marfil
llevó su vida al fin.
Era el cielo
más oscuro que la mar,
noche fúnebre
de sangre salá.
En lo alto de un cerro,
la niña morena
acabó con su pena,
con una soga en el ramal.
Llora, llora el pueblo,
donde el amor puede matar,
mas donde no hay lágrimas
que no vayan a dar a la mar.





