IV (Increpando a Medusa)
Si. Creías que me enamoraría de ti; y que iría detrás de ti como los perros tras la perra. Y que vendería mi alma al diablo mas pobre que necesitara de mis huesos. Y a lo mejor no mis huesos sino el polvo, y a lo mejor no el polvo sino los sueños. Pero olvidas que el corazón es también un espejo, medusa tramposa y te ahogaste en el árbol de tus deseos. Quedaste colgada como el péndulo de un reloj de cristal, y te ahogaste en la furia con que te entregabas a cien hombres en cada fornicio. Hete aquí, que ya no eres mas que una puta de piedra; que no siente mas que el viento tan suave que no te toca. Y que te deja igual que eras antes de calor y del frío, con un corazón tan hueco y tan miserable que no pesa menos de lo que pesaba entonces. Tu estatua es solo un marco que deja pasar este horizonte donde alguna vez vislumbre la esperanza.
Si. Creías que me enamoraría de ti; y que iría detrás de ti como los perros tras la perra. Y que vendería mi alma al diablo mas pobre que necesitara de mis huesos. Y a lo mejor no mis huesos sino el polvo, y a lo mejor no el polvo sino los sueños. Pero olvidas que el corazón es también un espejo, medusa tramposa y te ahogaste en el árbol de tus deseos. Quedaste colgada como el péndulo de un reloj de cristal, y te ahogaste en la furia con que te entregabas a cien hombres en cada fornicio. Hete aquí, que ya no eres mas que una puta de piedra; que no siente mas que el viento tan suave que no te toca. Y que te deja igual que eras antes de calor y del frío, con un corazón tan hueco y tan miserable que no pesa menos de lo que pesaba entonces. Tu estatua es solo un marco que deja pasar este horizonte donde alguna vez vislumbre la esperanza.
Gab Martinez





