El hombre es un misterio
que vive dónde nacen los dioses.
La matriz es su poema,
la razón es su canto.
Identifica su inspiración
acordando miradas a la belleza,
descubriendo, al desearla,
que crearla no es protegerla.
La musica, el aire,
a lo lejos suspira,
en rostros de otros hombres,
que perciben sus sonrisas.
El hombre vivo, abre los labios,
se acerca y la contempla,
mientras la piel se tersa,
y se afinan las piernas.
Armonia de signos conseguidos
en un horizonte de agua cristalina
descubren, en un fugaz tiempo,
que los dioses caen a su despedida.
Y el hombre,
se abate al encanto.
Se acerca a ella,
y desafina el arpa .
Sabe que hay un lugar
entre el sueño y el gemido,
que ella no puede recordar.
En silencio busca en el romance
en sus versos y en sus canciones,
un relato por descifrar.
Pero los dioses no viven
en la continuación del tiempo de los astros,
no saben, no miden,
ni afinan labio contra labio.
Montserrat Perez
Montserrat Perez




