Parada sobre la luna, invitándome a subir,
No supe agradecer la fortuna de haberte encontrado así.
Sentado sobre la duda pensé en dejarte ir,
Cobardía de amante; valiente me arrepentí.
Invadidos por la noche, caminamos frente al mar,
Saludados por el tiempo que callado dejaba de estar.
Nos deseamos en un beso que recordaba la verdad,
Nos miramos en espejos que escondían fealdad.
Pero el día implacable, la luna vino a matar,
eclipsando nuestros sueños de eterna nocturnidad.
Mientras el sol pertinente nos quería iluminar,
Fuimos cayendo en la noche de la eterna soledad.
Ignacio Reiva
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