
Deshojándome estoy...
como los arboles
en el otoño se despojan
de las hojas mustias marchitas
descoloridas secas
sacudiendo sus copas al viento
para deshacerse de ellas...
dejando al desnudo su alma ramas.
Y descansan en invierno
ahorrando savia alimento
para reverdecer en la primavera,
llenándose de hojas nuevas
y como también nuevas las esperanzas
las ilusiones, los perfumes,los colores.
Deshojándome estoy
y desnudándome...
como Adán y Eva en el Edén
que al probar el fruto
del árbol de la sabiduría
se despojaron de las hojas que los vestía
y descubrieron su desnudez
conocieron el bien y el mal
las obligaciones y el pecado.
los derechos y el placer
pero fueron castigados
por osar desobedecer a Dios.
Deshojándome estoy...
desnudándome...
despojándome...
de antiguas e insalubres creencias,
de tabúes sin sentido,
de temores infundados
de esas hojas muertas
que sólo hacen daño,
de historias mal escritas,
de malos pensamientos,
de feos sentimientos,
que provocan desasosiego
y secan el alma.
Desnudándome estoy...
Como quién se desnuda
frente a un espejo
y descubre sus defectos,
los descubrí y los acepto.
Se que tengo obligaciones
pero también derechos,
y que nadie puede castigarme
por defenderlos.
Sé que existe el pecado
y también el placer,
y si existen
nadie nos puede prohibir experimentarlos.
Estoy desnuda,
deshojada...
despojada...
como quién se desnuda a través de las palabras.
Y con la esperanza como emblema
de que en la próxima primavera
me brotaran hojas nuevas,
con mayor fuerza y nuevas ideas.






