Pepe Díaz me decía que a los 30
si despertamos y no duele ni una fibra
no es la suerte que desata y que nos libra,
sino la muerte que nos halla la cubierta.
Que con esto de llevar la vida a cuestas,
no me siento plenamente tan seguro
de amalgamar el escenario del futuro
sin sospechar que llegaré hasta los 80.
Bien poco y nada me seduce lo que pueda
ser de mí cuando me vaya a la otra playa:
que por vivir o para amar y dar batalla
no me alcanza con los años que me quedan.
Yo seguiré queriendo ser lo mismo de antes:
el pendenciero pergolero en su balandra
de blanca pálida, calesa que se agranda
por una noche en el galeón de los errantes..
si despertamos y no duele ni una fibra
no es la suerte que desata y que nos libra,
sino la muerte que nos halla la cubierta.
Que con esto de llevar la vida a cuestas,
no me siento plenamente tan seguro
de amalgamar el escenario del futuro
sin sospechar que llegaré hasta los 80.
Bien poco y nada me seduce lo que pueda
ser de mí cuando me vaya a la otra playa:
que por vivir o para amar y dar batalla
no me alcanza con los años que me quedan.
Yo seguiré queriendo ser lo mismo de antes:
el pendenciero pergolero en su balandra
de blanca pálida, calesa que se agranda
por una noche en el galeón de los errantes..





