Puedo semejar una mujer absurda,
puedo decir las cosas prohibidas,
puedo espiar desvergonzada,
puedo ofrecerme impúdica;
porque no existo,
sólo soy la amante fraudulenta
que a tu antojo maquinaste,
para que rompa tu soledad con
orgasmos perdidos sobre un cuerpo
ficticio.
Tu vendrás desde tu lecho
en mi búsqueda imaginaria,
ansioso de saciar en mis dichos falsos,
en mis ofrecimientos lúdicos,
en mi mirada perversa,
tus más íntimos impulsos de varón
que solitario se satisface.
Me evocarás en tu pensamiento,
multiplicándome en mil mujeres,
descubriendo con tus manos
los secretos destinados a otras manos,
sintiendo labios que no besaron,
lenguas que no lamieron,
vaginas que no se abrieron.
Sin embargo, te revolcarás deseando,
provocando desde la mente al orgasmo,
empujando desde la mano cansada,
desde el corazón asfixiado,
esperando la explosión que libera,
olvidándote por un instante
de esa soledad pegajosa
que se acuesta en tu lecho,
y te envuelve entre sus piernas de engaño.
María Magdalena Gabetta





