Es tu hermano
04-02-97
Allá, en donde el hambre no madruga, porque no duerme, en donde la vida no dura, pero la muerte tampoco, en aquel lugar en el que dejar de existir es solo una bofetada a uno que duerme; en ese lugar está el hombre que llora, el niño que ríe, la mujer que sufre y todo porque alguien ha olvidado su propio origen, que no está solo en el mundo y que para vivir es tan importante dar, como lo es el recibir, que no existe la felicidad a costa del sufrimiento ajeno.
Alguien olvidó que ese ser que llora no es un animal con un dueño a quien balar, ladrar o mugir, reclamando su sustento, no, ese ser está tan solo como vos, como yo o como aquel que mendiga en vano, ese ser… es tu hermano.
A la mesa del Señor
04-02-97
No está bien que veamos la Doctrina de Cristo a través del cristal de la adoración y la ternura que nos inspiran las palabras y los himnos.
No, porque mientras nosotros nos ocupamos de hacer lo que otros esperan de nosotros, mientras estos líderes, que también no ven el sumun buonus de todo el tema, no nos damos cuenta que, mientras terminamos la reunión Dominical y nos saludamos en forma mecánica,… el invitado más importante no llegó a la fiesta: el pobre, el afligido, el que no tiene trabajo, el enfermo, el que está solo, etc.
El agua de los árboles
18-04-97
El antiguo poblador de la selva conocía el árbol y su lenguaje.
Allí en donde un árbol compite con otro en altura y follaje para obtener la luz solar que le transmite vida a sus raíces, allí en donde cada gramo de oxígeno huele a clorofila, están los reyes de la vida, los árboles añejos que sobrevivieron a través de los siglos, para ser en sí mismos, testimonios crudos de escenas rutinarias.
El hombre que se internaba en la selva y buscaba su alimento en los árboles y hacía de ellos su casa, su arma, su bote; conocía de siempre la forma de comunicarse. Pero solo algunos hombres llegaron a conocer su gran secreto.
Siempre y por naturaleza, hubo en el mundo hombre inspirados de lo alto que llegaron a ser grandes benefactores para sus semejantes.
Hombres que aun, en su ignorancia de la existencia de un mundo civilizado, sintieron en su corazón y concibieron en sus mentes las verdades en cuanto a la naturaleza de las cosas y su utilización para el hombre.
De esta forma, y a veces no teniendo conocimiento de sistemas para dejar grabados sus conocimientos inspirados, lo transmitan a otro por medio de la enseñanza verbal o práctica, y así se transmitía de generación en generación el arte de curar, de cazar y de realizar distintas tareas rutinarias.
Pero ese mismo espíritu que susurraba verdades al corazón y la mente de los antiguos, persiste hoy en muchos individuos.
Por ejemplo; yo percibo que en la raíz central de los grandes árboles como el secoya, existe el agua que rejuvenece, sí, el agua de la vida. Llegué a esta conclusión porque sentí y razoné que así como existe la muerte, también existe la vida; esa es una verdad, y que el agua de vida que se menciona, es real, pero solo puede acceder a ella aquel que crea que existe.
El agua de los árboles tiene la facultad de curar. Un leve asomo de esa verdad la vemos en las bondades que tienen algunas plantas, arbustos o hierbas, de curar mediante la ingesta de infusiones u otras formas de uso de sus hojas o raíces.
Hay una estrecha relación entre nuestro cuerpo y las plantas. Nuestros cuerpos están compuestos de minerales y otros elementos, entre ellos el agua, que se encuentra en la tierra.
El árbol por su parte se nutre también de la tierra y nos transmite, como seres herbívoros, sus nutrientes.
Pensemos en cuantos litros de agua por hora deberá bombear un gigantesco árbol para alimentar nuevos brotes, nuevas hojas y las millones de hojas que crecen y se renuevan y dejan evaporar grandes cantidades de agua en días de mucho calor.
Las paradojas en este mundo, son como acertijos detrás de los cuales se esconden los grandes secretos.
Supongo yo que, así como en el ser humano el corazón está más cerca de la cabeza (miembro importante y vital del cuerpo), en el árbol el corazón estaría más cerca de la raíz que de la copa.
En forma igualmente proporcional, el corazón del árbol se encontraría a la altura de la cabeza de un hombre normal (o sea más cerca de su raíz que de su copa).
Hercules Antonio Palermo
Escritores anónimos para nosotros mismos, para los que nunca van a saber si lo son, pero escriben ya que las letras son "obreras contra la angustia, amigas de nuestra prisión y el consuelo en los bosques de la desesperación..."(Letras)
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martes, 17 de marzo de 2009
Maximus
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