Cuando me di cuenta de que era, me pensé mariposa en su crisálida. Tendría hermosas alas de brillantes colores e iría volando entre flores silvestres impulsada por la brisa de la primavera. Quise ser libre y traté de escaparme, pero la piel que me cubría no cedía. Pensé, aún no es mi tiempo, y me quedé tranquila.
Con las brisas llegaron hermosas aves que anidaron en las ramas del árbol gigantesco en que habitaba, y les oí cantar hermosas melodías inundando el alba y el atardecer con sus acordes. Les vi amarse y procrear y quise ser ave. Traté de volar, pero no pude: me dije, aún no es mi tiempo, y me quedé tranquila.
Caí a tierra, e intenté incorporarme. No pude, y me di cuenta que nunca surcaría los aires, porque era mi tiempo y estaba atada a la tierra. Jamás sería mariposa libre en vuelo, ni ave cantarina migratoria. Miré al cielo para maldecir mi suerte, y un rayo de luz se coló entre las ramas del árbol que fue para mi madre y padre, dibujando sobre el suelo inmensas sombras que sentí como un abrazo. Entonces, soñé que entre mis raíces crecían flores silvestres y que hermosas mariposas desplegaban sus alas de colores entre ellas. Imaginé aves anidando en mis ramas, saludando y despidiendo al sol, cuyos rayos se colaban entre las sombras de mis brazos. Frente a esa maravillosa grandeza, bendije ser fecunda semilla.
Con las brisas llegaron hermosas aves que anidaron en las ramas del árbol gigantesco en que habitaba, y les oí cantar hermosas melodías inundando el alba y el atardecer con sus acordes. Les vi amarse y procrear y quise ser ave. Traté de volar, pero no pude: me dije, aún no es mi tiempo, y me quedé tranquila.
Caí a tierra, e intenté incorporarme. No pude, y me di cuenta que nunca surcaría los aires, porque era mi tiempo y estaba atada a la tierra. Jamás sería mariposa libre en vuelo, ni ave cantarina migratoria. Miré al cielo para maldecir mi suerte, y un rayo de luz se coló entre las ramas del árbol que fue para mi madre y padre, dibujando sobre el suelo inmensas sombras que sentí como un abrazo. Entonces, soñé que entre mis raíces crecían flores silvestres y que hermosas mariposas desplegaban sus alas de colores entre ellas. Imaginé aves anidando en mis ramas, saludando y despidiendo al sol, cuyos rayos se colaban entre las sombras de mis brazos. Frente a esa maravillosa grandeza, bendije ser fecunda semilla.




