Tengo una pequeña historia metida en el bolsillo y el autobús guardado en la cartera. Llevo tus palabras tatuadas en los labios, tengo los oídos cansados de escuchar hablar de ti: no hay ni un sólo día que no formes parte de una de mis conversaciones porque eres mi tema principal y el tema principal de muchas almas inquietas.
Amanece un día claro mientras mis delirios se esparcen por mis oblicuos pensamientos. Tú eres mi único sentimiento -el más grande, el más puro-, eres tú por el que más pongo insistencia. Cada día que pasa es un tormento y cada noche que marcha ante mis ojos es el martirio más intenso.
Y te aconsejamos.
Y nunca debiste irte tan de repente.
Y nos preocupamos.
Hablar contigo de frascos embotellados, de mitos inventados, de libros jamás escritos, cuando -en su lugar- deberíamos estar hablando del amor jamás encontrado en tus inciertos vocablos. Yo sigo estando aquí aunque parezca no estarlo.
Me conmueven tus extrañas reacciones a mis sensiblerías más absurdas: te amo y no hay más que hablar.
©Dríada




