Amo mis zapatos de Arequipa
y mi flamante biblioteca de Oregón.
Amo mi equeco con la boca partida
y también amo el cuculí blog.
Las canciones que cantaba en Traslaviña,
amé su cálida cadencia, amé mi voz,
y mi cuaderno de Filosofía,
amaba tanto caminar a pleno sol.
He amado mucho tanta cosa en esta vida,
mi amigo mágico, mi perro chascón
y los domingos que me fui a Chanavayita
y la primera vez que al fin hice el amor.
Consideré el amor que siento por mi hermano
y por mi madre que se fue pero volvió,
luego venía amar al género humano,
y en ese trance me olvidé que existo yo.
El instalado subyacente de mis ojos,
que no es el rígido abogado ni tampoco el escritor,
sí apasionado prisionero que a su antojo
se ha enamorado de su oficio de amador.
y mi flamante biblioteca de Oregón.
Amo mi equeco con la boca partida
y también amo el cuculí blog.
Las canciones que cantaba en Traslaviña,
amé su cálida cadencia, amé mi voz,
y mi cuaderno de Filosofía,
amaba tanto caminar a pleno sol.
He amado mucho tanta cosa en esta vida,
mi amigo mágico, mi perro chascón
y los domingos que me fui a Chanavayita
y la primera vez que al fin hice el amor.
Consideré el amor que siento por mi hermano
y por mi madre que se fue pero volvió,
luego venía amar al género humano,
y en ese trance me olvidé que existo yo.
El instalado subyacente de mis ojos,
que no es el rígido abogado ni tampoco el escritor,
sí apasionado prisionero que a su antojo
se ha enamorado de su oficio de amador.





