Hoy tenía que ir al correo, tenía que ir a hacer un giro que me habían mandado. Con la plata del giro yo tenía que ir a comprar al supermercado comida para la semana, ir a la farmacia a comprar los remedios de mi abuelita, y además tenía que cargar la tarjeta bip! para la locomoción; en resumen, no iba a recibir ni siquiera $1 para gastos personales. Delante mío había un señor que estaba mandando como 100 encomiendas chicas. La señorita de la caja me dijo que tenía para rato, y que además no tenía la plata del giro que yo iba a hacer todavía, pero que cuando terminara con el caballero yo podría hacer el giro. Entonces me fui a hacer hora a una banquita cerca del correo. Estaba leyendo un libro, cuando veo que una señora de 80 años se acercaba al basurero ubicado al lado de la banquita, buscando restos de comida que seguramente serían su desayuno. No encontró nada, y se marchó. Aunque estaba impresionada, seguí leyendo, con pena. Cuál fue mi sorpresa cuando a los cinco minutos apareción un caballero como de 90 años, haciendo lo mismo que la señora. Esta vez con impotencia, me levanté de mi asiento, y regresé al correo. En el camino había un niñito de 5 o 7 años, vendiendo parche curita.
Me dio rabia pensar en la injusticia de un mercado capitalista, que en pleno siglo XXI permite la existencia de este tipo de actos inhumanos, indignos, fuera de todo tipo de justificación. Pensé en mi estadía en Estados Unidos. Allá los mendigos por lo menos no tenían que estar recogiendo basura. Durante el día se iban a las bibliotecas públicas, donde podían leer el diario y libros de literatura, que los sacaban de su triste realidad. ¿Qué alternativas de entretención tiene una persona que ni siquiera tiene para desayunar? ¿Están nuestras bibliotecas diseñadas para ser salas de estar?
Creo que Chile necesita fomentar más bibliotecas como la Biblioteca de Santiago, pero hacerlas en todo Santiago, sino seguiremos siendo un país latinoamericano más donde las diferencias sociales están marcadas, donde la sociedad vive llena de prejuicios. Desde hace tiempo que la gente en Chile funciona en forma inhumana. Y podrán decir lo que quieran, pero en Estados Unidos siempre se ha hecho incapié en los derechos humanos y en el trabajo comunitario. Aquí en Chile esos términos casi no existen; son sólo unos pocos quienes se han preocupado de ayudar a instituciones como el Hogar de Cristo, un Techo para Chile, Fundación las Rosas, María Ayuda, Coaniquem, entre otras.
Hasta cuándo veremos miseria en nuestro país. Hasta cuándo veremos el egoísmo de algunos de no querer compartir y ayudar a los más pobres. Hasta cuándo existirán en Chile y Latinoamérica monstruos de egoísmo. Hasta cuándo veremos niños y ancianos, sufriendo por hambre y frío. Hasta cuándo veremos que la vida está llena de oportunidades para algunos, y que para otros éstas pasan delante suyo sin ni siquiera poder tocarlas, como si fuesen cosas efímeras, de películas. Hasta cuándo habrá gente que vivirá en la cultura del reciclaje y lo desechable, y creerá que las relaciones humanas se tratan de plata, plata, plata; cuando en el fondo las relaciones humanas se tratan de sentimientos, de compartir, en fin, de humanidad. Hasta cuándo veremos un país que cada día se está desarrollando más, pero que a la vez este desarrollo está totalmente desbalanceado. Hasta cuándo esperaremos para que algunos se humanicen y ayuden a quienes más lo necesitan, ayuden a que los más pobres de Chile (que por cierto no son pobres, sino que miserables) puedan llevar una vida digna, con la que puedan saciar las necesidades básicas. Hasta cuándo la educación estará disponible sólo para el sector privado del país, y se dejará a la gran masa del pueblo en un estado de ignorancia, sin saber cómo llevar una vida ordenada, cómo ahorrar lo poco que tienen, cómo repartir los gastos, cómo invertir su dinero, cómo hacer crecer sus fondos. Hasta cuándo veremos que algunos se jactan de ser parte de "la clase alta", por haber partido de abajo, sin pensar que para otros ese camino puede ser mucho más difícil y sacrificado por razones que no tienen que ver con la economía del país, sino que por situaciones familiares relacionadas con la pobreza y la falta de oportunidades. Hasta cuándo se verán "rotos con plata", que se estiran sobre sus sofás, sabiendo que podrían ayudar mucho a muchos, y no ayudan a nadie, más que a ellos mismos, llenándose los bolsillos de billetes, sin ayudar al prójimo.
La verdadera clase alta de Chile se ha formado durante generaciones con valores cristianos, se ha instruido en la cultura de Europa y el resto del mundo, ha tenido la oportunidad de llevar una vida en plenitud, y ha sabido apoyar a los más desposeídos, ayudando a la doctrina social de la Iglesia Católica. Son los "nuevos ricos", quienes están hoy en día actuando como déspotas y arrogantes, cuando debieran ser los más comprensivos y solidarios, con quienes comparten un origen y una historia.
¡Basta de injusticias! ¡Basta de bastardos! ¡Basta de monstruos de egoísmo y prepotencia!
Seamos realistas. Seamos justos. La "clase alta", no es alta por una buena situación económica, es una "clase alta", porque ha estado saciada de oportunidades, de cultura, de valores honestos.
Quienes actúan en forma prepotente, pensando que están siguiendo el modelo estadounidense, no son sólo más que un par de ignorantes, que no tienen idea cómo son las cosas allá, que han estado por esos lados esporádicamente, de visita, y siempre en hoteles lujosos, en resorts, como en Miami; pero se nota de lejos que es gente colgada de la realidad de Estados Unidos, de la ideosincracia de los americanos; se nota de lejos que es una tropa de gente inculta que de la noche a la mañana tuvo todo lo que nunca se imaginó tener en toda su vida, y que al paso que van no sólo no nacerán ni morirán en "cuna de oro", sino que además morirán podridos, podridos de odio, de resentimiento, de trancas contra el sistema y la sociedad, de egoísmo, y de inhumanidad, por haber hecho de sus vidas un mundo ficticio y poco comprometido con quienes alguna vez le dieron una mano, con los que alguna vez necesitaron de ellos.
Quienes se jactan de tener plata y se burlan del pobre que no ha sabido salir adelante ya no son "clase alta", siguen en el fondo de sus corazones siendo de la "clase más baja del pueblo", siguen siendo la pudrición de la sociedad.
(La Hormiga)
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sábado, 14 de febrero de 2009
¡Hasta Cuándo!
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